La belleza de la Patagonia es propia de un cuento de hadas, aunque bien podría decirse que la ficción a menudo se inspira en paisajes tan increíbles como los que pueden encontrarse por estos lares, en especial si te aventuras navegando o en jeep a lugares, que el 99,99% de la población mundial no puede apreciar de cerca, o no sabe siquiera que existen. Desde la navegación por las zonas de estrechos canales en la Patagonia chilena casi inexplorados, aventurarse al Estrecho de Magallanes en Kayak, recorrer la ultra-maravilla de Torres del Paine o acercarse al imponente glaciar Perito Moreno, entre tantos otros que visitamos en seis semanas de travesía por tierra y mar. Detalles en otros artículos.
En caso que se conformen sólo con un video y sin los relatos diarios, a continuación un resumen en un poco más de 13 minutos:





































































































































































A
también ofreció buenas carnes, ensaladas y pescado, así como muchos postres. Yo disfruté sobre todo choros, choritos, almejas, ostiones, locos, centolla, ceviches…También fue una emotiva despedida con Mimí.
Fue muy penoso, asumir esa realidad. Al poco andar y en la zona de Rio Turbio, nos topamos con «piqueteros», cortando el tráfico, pero finalmente y lo aclaro: sin necesidad de coimas, sino por el contrario, muy gentilmente nos dejarían proseguir….(pero en el fondo sabían, que en el destino no conseguiríamos bencina…). Espero por todos los argentinos, que el país evolucione bien…

















































Lo que mis palabras y fotos de celular puedan expresar, una vez que haya escrito las seguramente tres partes en que dividiré este relato, es microscópico respecto de lo vivido, tanto en lo humano como en la maravilla que nos presentó la naturaleza. Eso lo digo ahora, ya que lo escrito respecto de los días 5 y 6, lo escribí ya finalizadas las actividades de ambos jornadas.
Durante la cena, todos teníamos que presentarnos en público, brevemente. Lo de brevemente me resultó difícil, pero además estaba inusualmente lúcido y me salió hasta divertida. Éramos personas de seis países distintos. Terminada la cena y camino a cubierta para observar la puesta de sol, un encuentro visual con «Mimí», ella sentada junto a su hijo, capitán del barco, por supuesto que en la mesa del capi y sus invitados. Sabíamos, ambos, que debíamos conversar y no de hola y chao. Ella, viuda del fallecido Capitán Constantino Kochifas, a quien llamaba dulcemente «Catino», de una edad similar a mi mamá. Mientras yo saludaba a la para mí después sorprendente y admirable mujer chilota, originaria de Chauqui, su hijo me decía: «No quiere escribir sus memorias y tiene tanto que contar, tras vivir 55 años junto a mi padre y navegar junto a él por 40 años. Mi padre falleció en su cabina, en este mismo barco». Luego agregó algo así como…¿por qué no trata de convencerla, aunque sea que alguien que le escriba sus memorias?
Ya conversando solos los dos, Mimí y yo, se le llenaban los ojos de lágrimas al hablar de su «Catino». Obviamente la salida a cubierta se fue a las pailas, menos mal, tras dos horas y tanto de intensa conversación, nos fuimos a dormir a la una de la madrugada (solamente porque había que madrugar al día siguiente…). Se habían sumado desde casi un principio, Christi y posteriormente también, Miguel Prades y su hija. Por si Mimí llega a escribir su libro finalmente, no les puedo confidenciar entretelones sabrosos de su relato, que fue siempre matizado con nuestras preguntas y comentarios. Me atrevería a decir, que ayer escuchamos el prólogo y unos dos capítulos del potencial libro (no les diré cuántos capítulos, porque no lo sé…y quizás nunca lo sepa). Si bien existió una energía afectuosa instantánea, su apertura a contar parte de su historia espontánea, también tuvo su toque alemanizado, ya que ella, fue criada por una hija soltera del en Puerto Montt entonces en los años 20′ y 30′ muy conocido médico alemán Dr. Martin. Su nombre es Ana Martin y la llamaba y aún llama «Tante». Ana hacía clases particulares de canto y piano. Ya falleció hace tiempo y la adoptó a los 9 años de edad, para criarla «bajo régimen educacional alemán», pero por lo que deduzco, también con mucho cariño y dulzura. Eso lo hizo Ana, de común acuerdo con los padres de la niña. La pequeña Mimí, también fue la única de nueve hermanos, que voluntariamente quiso irse con la Tante desde Chauqui a Puerto Montt. Cada cierto tiempo iba a visitar a su familia en Chiloé, pero no más de 15 días cada vez. Su afecto por la Tante fue tanto, que incluso un barco carguero de la flota Skorpios lleva su nombre. Mimí aún habla bastante bien el alemán, el cual según cuenta lo dominaba. A pesar de no practicarlo por unos 50 años, no tiene acento, lo pronuncia como si fuese nativo. Ana Martin incluso hizo de celestina para que Mimí cayera en las redes amorosas de Catino. Él fue un hijo de inmigrante griego, pero originalmente pescador y no empresario turístico. Eso vino mucho después. Pues bien, conocimos en profundidad esa historia, acerca de sus penurias iniciales como emprendedores, de sus seis hijos, de su iniciativa educacional sorprendente, entre varias historias más, que serían muy extensas de resumir. Así terminó ese día, cargado de emociones.
































































































Nota adicional acerca de 









Hoy 15 de enero 2016 es el día de ponerse en onda, de ajustar la frecuencia interna para partir, de dejar atrás algunos episodios de salud muy pocos felices, exacto un mes atrás, que me tuvieron en la UCI durante casi una semana más algunos días adicionales en «pieza normal». En resumen: ¡cuerpo y alma se ponen el espíritu viajero, de explorador, de aventura, en modo Patagonia, y quien sabe si la salud me acompañe, pero voy con todas las «pichitacatas» sugeridas por el Doc!
Al viajar me alegro de vivir nuevas experiencias, de ser nutrido de manera diversa en alimentos e ideas, incluso de probar mis límites – físicos y emocionales – en algunas situaciones. Viajar es mi receta definitiva para la felicidad porque me permite experimentar las maravillas naturales, culturales y algunas de aquellas logradas por el ser humano. Cuando estoy de viaje en mi país pero también en el extranjero, frecuentemente debo salir de mi zona de confort, lo que al manejarlo de manera relativamente exitosa, ha contribuido a potenciar la seguridad que siento de mi mismo.
Yo necesito mis espacios de soledad. Aunque también me divierto viajar acompañado, igual busco darme un respiro, disfrutar de la paz y el silencio por un momento y simplemente estar «allí», asombrarme en la contemplación, disfrutar los momentos, reflexionar o poner la mente en blanco…, meditar.
