Parece que como sucede todos los días, en nuestra calle hay un mercado libre. Inicialmente pensé que sería sólo uno o dos días a la semana, pero definitivamente es a diario.

Caminamos rumbo a la Plaza República para tomar el Metro para ir al Vaticano y nos encontramos con una plaza y rotonda apoderada por una manifestación que recién estaba tomando cuerpo, al parecer pro-planeta, en la onda de la joven sueca Greta Thunberg, ya que eran puros adolescentes. Siendo día viernes al entrar al Metro, seguían llegando jóvenes por centenarias, otros escapando de sus profesores que los acompañaban para “capear” el evento.

Al llegar a la Plaza San Pedro, en realidad esperaba más gente. Después de recorrer el lugar, al igual que en otros lugares que ya he relatado anteriormente en este viaje, en este caso también fue una visita guiada, ya que le da más valor de comprensión de lo que estás visitando y viendo. Pues bien, Christi realizó – según sus palabras- una muy buena y bien guiada visita a la Capilla Sixtina, Museo del Vaticano, Basílica De San Pedro. Preferí no entrar, no me interesa demasiado, ya copé largamente mi cuota de visitas a catedrales e iglesias en este viaje. Me fui tranquilamente a pasear y luego a almorzar. Se suponía que la visita de Christi duraría 2 horas y fueron tres y media horas, por lo cual la esperé “pacientemente” parado en punto de encuentro acordado.





Luego, camino al Panteón, visitamos varias otras plazas y monumentos de menor popularidad, caminamos junto al río bajo una agradable arboleda de plátanos orientales que nos ayudó a capear el calor. Finalmente el impresionante Panteón, también menos visitado de lo que esperaba, me dejó una sensación de grandeza y no de opulencia.








En la plaza junto a Panteón, que posee una linda fuente al centro, de pronto la descubro a ella, la única, visible desde cualquier lugar de la plaza luciendo sus piernas. En todos los edificios que rodean la plaza, por supuesto sólo ella visible… No es muy histórico este hecho, sí anecdótico.


Antes de regresar al hotel, una buena cena italiana y hoy, en un rato, se inicia nuestro último día que será más corto en cuanto a visitas, ya que debemos hacer magia con maletas y mañana domingo debemos levantarnos a las 3:30 AM, para iniciar nuestro regreso a Chile vía Barcelona.
El tercer y último día, más bien deambulamos por Roma, estábamos demasiado agotados para visitar activamente más edificios y monumentos. Así es que comimos más de la sabrosa comida italiana, realizamos algunas compras y temprano fuimos a armar la distribución de los pesos en 4 maletas…
¡Fue un tremendo y muy entretenido viaje!



































































































































































































































































































































































En ese andar, nos llamaron la atención dos uniformados que no eran policías, paseando dos perros. Nos preguntamos un par de veces que podían ser y no eran ni más ni menos, los encargados de pasear a esos dos perros, luego peinarlos al subirlos a un tremendo yate que hasta helicóptero tenía. Cada cosa que toca ver…
















































Finalmente una larga caminata por la marina de de Porto Venere, nos reiteró que los italianos de Liguria encuentran cualquier lugar para disfrutar del agua y del sol, inimaginable para nuestros lares. Nos dirigíamos a un restaurante donde ansioso esperaba comer pulpo preparado al estilo de Liguria, mezclado con una ensalada de papas muy condimentada. El pulpo, ni hablar, se deshacía en la boca como mantequilla a medio descongelar, explotando todo su sabor de manera sublime. Esa fue mi entrada, mientras de fondo pude saborear pez espada al horno con berenjenas. Christi que es alérgica a estos bichos, se contentó con unos spaghetti con pesto.





























































































































A la torre se sube por su interior, escalando estrechas y en parte obscuras y empinadas escaleras de piedra, pasando por el campanario y algunas salas de guardia. El mirador, también estrecho, permite una vista 360º de la ciudad y más allá incluso. Dicen que cuando está despejado, se ve hasta Los Alpes… Nosotros sólo imaginamos esa parte…























































































































































































































































Continuamos nuestro recorrido y llegamos a la 



































