Esta última etapa, navegada hacia Puerto Montt y luego «metiéndole el resto de ganas» de manejar hasta Santiago (en total serán 6.300 km en jeep, más lo navegado, que no fue poco…) tuvo otro énfasis, el que finalmente se suma al todo, de estas variadas, itinerantes y a ratos sorprendentes vacaciones.
La mancha negra del viaje, sin duda es la naviera Navimag, a lo cual me referiré en términos más generales casi al final de este último relato del viaje.

Partiré comentando algunos detalles del viaje de regreso desde Puerto Chacabuco (no es corto este último reporte, por si quieren abortar aquí…), donde nos fueron dando la mala noticia a goteo, ya que no sólo salimos atrasados, sino llegaríamos mucho más atrasados que lo ya anunciado como mala nueva. En un viaje que se suponía de 24 hrs, llegando el sábado a las 20 hrs a Puerto Montt, arribamos el domingo 3 AM y nos soltaron el auto recién a las 7 AM. La idea original era una «buena durma» y antes, otra sabrosa merluza austral y un rico caldillo de congrio en Puerto Montt…, que se fueron ambos «a las pailas» (a otras, no a las del congrio…).

Ya que todo este viaje tuvo anécdotas…, no nos podía fallar una ahora, por supuesto incluido Navimag: regresando a nuestra cabina tipo 21:30 hrs, provenientes de un paseo en cubierta, la intención era acostarnos a dormir un poco y esperar que nos despertaran tipo 3 AM para desembarcar, como decía la última versión… El piso estaba algo inundado, sí, leen bien. Pero nuestra cabina estaba varios metros sobre el nivel del mar, así es que de ahí no venía. En una hora entraron como 10 «gallos» distintos, revisaron los mismos lugares una docena de veces, también en los baños de nuestros vecinos de ambos lados y de arriba… Todos ponían caras de seriedad, pero a la vez de «no se preocupe, no es grave» , mezclado con «esto no pasa nunca, es insólito, tampoco nos vamos a hundir». Incluso el capitán «echó su looking», porque nadie cachaba de dónde salía el agua.

Ya dije en otros relatos de estas vacaciones…: si avancé mucho en algo durante este viaje, fue en la paciencia. Supongo que Christi y yo poníamos caras que entremezclaban gestos que apuntaba a sueño-preocupación leve-enojo light-apúrense! Finalmente descubrieron que venía de un desagüe de aguas lluvia «fracturado». Bueno, al menos ya no entró agua y todo este jaleo, que fue una cueca de una hora y media, por lo bajo, encontraba su fin… A esas alturas, ya bromeando un poco con un camarero y un supervisor que hablaba un poco de alemán, nos re-habilitaron a duras penas la cabina, para finalmente poder «dar alguna pestañada»….

El dormir fue a sobresaltos, ya que desde la 3 AM el sonido de la bajada del ancla, el movimiento de rampas, el inicio de la descarga de acoplados de camiones, nos hizo disfrutar de esa sinfonía de chirreos y golpeteos de fierros inmensos, «a todo chancho», que te induce al sueño profundo. A las 6:15 AM me encontraba instalado en el compartimiento más bajo del ferry, junto a otras aprox. 20 personas quienes como yo, estaban pacientemente listos para sacar sus vehículos al aire libre. Pero no…, faltaba el del Vitara, que bloqueaba al resto. Bien por la naviera, «que lo eligió» para colocarlo justo ahí, y además fuera justamente esa persona quien se quedó dormida. Finalmente no supimos quienes eran los dueños del Vitara, ya que los autos, jeeps y camionetas se transformaron en contorsionistas, en búsqueda de su libertad. A las 7 AM finalmente logré salir, después de haber inhalado su resto de gases tóxicos en ese compartimiento subterráneo, lo que me hizo muy bien para mis pulmones…

La «vista gorda» la traemos entrenada…
Pienso que debo comentarlo aquí y ahora, sin descalificar, pero debe conocerse por lo que pasamos con esta naviera, lo cual también han vivido muchos otros, casi sin derecho a pataleo. ¡Al parecer no es cosa sólo de este año…; me había advertido una persona cercana y no le di bola!
Como ya mencioné casi al inicio del viaje, Navimag posee una seria dificultad con los horarios de zarpe y de atraque. Reitero: como este ferry no tiene competidores vía marítima, es decir en sus rutas no hay un real interés en la empresa por mejorar la gestión (tampoco en sus políticas de servicio al pasajero y p.ej. organización de las comidas). Es casi como si viviéramos bajo un régimen estatista de izquierda. Además, son campeones de la «chiva peluda», ya que las excusas concertadas son repetidas al unísono por toda la tripulación y el personal de tierra.

Reconozco que hay personas dentro de sus colaboradores, que hacen un esfuerzo personal real y honesto, pero cuando las buenas políticas no nacen ni se hacen desde los directivos superiores…, se instaura inevitablemente la política de la mala-excusa y la culpa al empedrado. Por supuesto, culpables son los vientos fuertes, las mareas, las gobernaciones de puertos, las ballenas jorobadas, el exceso de algas, el Caleuche y el Trauco, las sirenas seductoras cantando en las rocas, hasta los piratas del Caribe… Francisco Coloane, hubiese tenido una eterna fuente de inspiración en ellos. Las condiciones de venta de los boletos no nos dan opción como pasajero: ¡perdiste no más, salvo que quieres pelear un juicio de consumidor, sin destino exitoso! ¿Quién sabe las razones por las cuales no poseen competidores…? Quizás sea una concesión de ferry exclusiva, enferma de apitutada…

Una vez que salimos del sector portuario de Chinquihue, el tráfico carretero de este domingo en la ruta iba en aumento, sobre todo desde Temuco en adelante. La congestión en Angostura y otros accesos a Santiago se olía en el ambiente. Sin duda fue buena medida, alojar en unas agradables cabañas en Salto del Laja, donde llegamos aprox. a las 14 hrs (nos vinimos lento…, a propósito, para quienes estén calculando…). Desde esta cabaña escribo este último reporte de viaje. Mañana temprano partimos a Santiago, otros deberes, pero sobre todo muchos afectos hoy están ahí.
Para finalizar, le di muchas vueltas a la elección de una reflexión corta, que resumiera lo que significó este viaje, en lo estrictamente personal. Me decidí por dos frases de Teilhard de Chardin:
«No somos seres humanos con una experiencia espiritual, Somos seres espirituales con una experiencia humana».
«Llegará el día en que después de aprovechar el espacio, los vientos, las mareas y la gravedad; aprovecharemos la energía del amor. Y ese día, por segunda vez en la historia del mundo, habremos descubierto el fuego».
¡Hasta el próximo viaje…, así espero!






























































































































































A
también ofreció buenas carnes, ensaladas y pescado, así como muchos postres. Yo disfruté sobre todo choros, choritos, almejas, ostiones, locos, centolla, ceviches…También fue una emotiva despedida con Mimí.
Fue muy penoso, asumir esa realidad. Al poco andar y en la zona de Rio Turbio, nos topamos con «piqueteros», cortando el tráfico, pero finalmente y lo aclaro: sin necesidad de coimas, sino por el contrario, muy gentilmente nos dejarían proseguir….(pero en el fondo sabían, que en el destino no conseguiríamos bencina…). Espero por todos los argentinos, que el país evolucione bien…

















































Lo que mis palabras y fotos de celular puedan expresar, una vez que haya escrito las seguramente tres partes en que dividiré este relato, es microscópico respecto de lo vivido, tanto en lo humano como en la maravilla que nos presentó la naturaleza. Eso lo digo ahora, ya que lo escrito respecto de los días 5 y 6, lo escribí ya finalizadas las actividades de ambos jornadas.
Durante la cena, todos teníamos que presentarnos en público, brevemente. Lo de brevemente me resultó difícil, pero además estaba inusualmente lúcido y me salió hasta divertida. Éramos personas de seis países distintos. Terminada la cena y camino a cubierta para observar la puesta de sol, un encuentro visual con «Mimí», ella sentada junto a su hijo, capitán del barco, por supuesto que en la mesa del capi y sus invitados. Sabíamos, ambos, que debíamos conversar y no de hola y chao. Ella, viuda del fallecido Capitán Constantino Kochifas, a quien llamaba dulcemente «Catino», de una edad similar a mi mamá. Mientras yo saludaba a la para mí después sorprendente y admirable mujer chilota, originaria de Chauqui, su hijo me decía: «No quiere escribir sus memorias y tiene tanto que contar, tras vivir 55 años junto a mi padre y navegar junto a él por 40 años. Mi padre falleció en su cabina, en este mismo barco». Luego agregó algo así como…¿por qué no trata de convencerla, aunque sea que alguien que le escriba sus memorias?
Ya conversando solos los dos, Mimí y yo, se le llenaban los ojos de lágrimas al hablar de su «Catino». Obviamente la salida a cubierta se fue a las pailas, menos mal, tras dos horas y tanto de intensa conversación, nos fuimos a dormir a la una de la madrugada (solamente porque había que madrugar al día siguiente…). Se habían sumado desde casi un principio, Christi y posteriormente también, Miguel Prades y su hija. Por si Mimí llega a escribir su libro finalmente, no les puedo confidenciar entretelones sabrosos de su relato, que fue siempre matizado con nuestras preguntas y comentarios. Me atrevería a decir, que ayer escuchamos el prólogo y unos dos capítulos del potencial libro (no les diré cuántos capítulos, porque no lo sé…y quizás nunca lo sepa). Si bien existió una energía afectuosa instantánea, su apertura a contar parte de su historia espontánea, también tuvo su toque alemanizado, ya que ella, fue criada por una hija soltera del en Puerto Montt entonces en los años 20′ y 30′ muy conocido médico alemán Dr. Martin. Su nombre es Ana Martin y la llamaba y aún llama «Tante». Ana hacía clases particulares de canto y piano. Ya falleció hace tiempo y la adoptó a los 9 años de edad, para criarla «bajo régimen educacional alemán», pero por lo que deduzco, también con mucho cariño y dulzura. Eso lo hizo Ana, de común acuerdo con los padres de la niña. La pequeña Mimí, también fue la única de nueve hermanos, que voluntariamente quiso irse con la Tante desde Chauqui a Puerto Montt. Cada cierto tiempo iba a visitar a su familia en Chiloé, pero no más de 15 días cada vez. Su afecto por la Tante fue tanto, que incluso un barco carguero de la flota Skorpios lleva su nombre. Mimí aún habla bastante bien el alemán, el cual según cuenta lo dominaba. A pesar de no practicarlo por unos 50 años, no tiene acento, lo pronuncia como si fuese nativo. Ana Martin incluso hizo de celestina para que Mimí cayera en las redes amorosas de Catino. Él fue un hijo de inmigrante griego, pero originalmente pescador y no empresario turístico. Eso vino mucho después. Pues bien, conocimos en profundidad esa historia, acerca de sus penurias iniciales como emprendedores, de sus seis hijos, de su iniciativa educacional sorprendente, entre varias historias más, que serían muy extensas de resumir. Así terminó ese día, cargado de emociones.
































































































Nota adicional acerca de 









Hoy 15 de enero 2016 es el día de ponerse en onda, de ajustar la frecuencia interna para partir, de dejar atrás algunos episodios de salud muy pocos felices, exacto un mes atrás, que me tuvieron en la UCI durante casi una semana más algunos días adicionales en «pieza normal». En resumen: ¡cuerpo y alma se ponen el espíritu viajero, de explorador, de aventura, en modo Patagonia, y quien sabe si la salud me acompañe, pero voy con todas las «pichitacatas» sugeridas por el Doc!