Llegó a su final este viaje sudafricano. La última pasada fue por Port Elizabeth, como parada técnica y realmente fue así. Claro…., para el final nuestras organizadoras Inge y Jutta nos instalarían en una suite gigantesca en el antiquísimo y algo venido a menos Beach Hotel. La ubicación eso sí, privilegiada, frente a la playa y a un antiguo muelle, al que las olas y el fuerte viento provenientes del Índico parecían no hacerle mella.
Viernes, check-out a las 11.00 y partimos al aeropuerto a regresar el auto arrendado. El trámite, incluyendo el tema del seguro por el dichoso neumático, fue más corto de lo esperado. Ya veremos qué me llega como balance de cuenta final…
Es decir, a mediodía estábamos listos y el vuelo a Johannesburgo salía 14:30. Estábamos holgados de tiempo. El tema, es que en el minúsculo aeropuerto de Port Elizabeth con un aire acondicionado mediocre, no había ningún lugar medianamente cómodo donde estar. Decidimos pasar los controles y sentarnos en el salón VIP de Southafrican Airways. Por qué se preguntarán, si viajábamos en clase económica…. Pues no, a la ida me sorprendí gratamente al momento de buscar el asiento, que por error había comprado business en los tramos internos de Sudáfrica. Miren a la hora que nos percatamos, ni miramos bien el pase de abordar…Debe haber sido por el trasnoche, digo…, no sé si tan así…, en fin, ya sucedió. ¡Ahhh, y no lo encontré caro, lo revisé! Pero sí…, fue «condoro»…, que finalmente resultó grato.
Volviendo a lo anterior, me pasaré a horario chileno, resumo:
6 AM del viernes, check-out en hotel, 9.30 AM vuelo a Johannesburgo, arribando 11:00 AM. Siete y media horas de espera en aeropuerto, para volar aprox. 18:30 hrs a São Paulo. Arribo a las 4:40 AM y nuestro vuelo de conexión recién para las 15:40. Pero ya lo sabíamos y nos iríamos a un salón de esos cómodos pagados (aquí seguimos…), pero recién abría la las 7:00 AM. Así es que primeramente a deambular por el aeropuerto, hasta encontrar dónde arrancharnos… La llegada a Santiago, debiera ser casi bordeando las 20:00 hrs y en casa, 21.30 hrs de hoy sábado. Un poco aburrida esta parte, pero sólo lo escribí para que se compadezcan de nosotros, por las casi 40 horas desde hotel a casa…😇🤗
En cualquier caso, estoy escribiendo durante nuestra permanencia en São Paulo, así es que quizás – de aquí a Santiago haya sorpresas, espero que no.
Debido a mi envergadura, que antes… hace mucho tiempo atrás era sólo la altura, intento conseguir más espacio en el asiento del avión, es decir los lugares de salida de emergencia o de los otros, generalmente primera fila de la clase económica. En el 90% de los casos, a lo largo de la historia me ha ido bien, incluso pagando un pequeño extra en aerolíneas que lo contemplan. En Johannesburgo partí temprano con el trámite y lo agoté prácticamente embarcando, sin éxito. Volaría 10 horas sufriendo como en una lata de sardina. Me aseguraron que el avión iba lleno, prácticamente sobrevendido y por ende, ninguna posibilidad de cambiarme a un asiento con más espacio. A la ida lo había conseguido, en la fila 12. Hasta hoy no comprendo que las aerolíneas no prevean algunos asientos, para personas que midan 1,90 m o más. Es prácticamente imposible encontrar un mínimo de comodidad y no ir de piernas abiertas, que te pisoteen o choquen desde el pasillo, sin ninguna capacidad de movimiento y resistiendo la tortura cuando el pasajero de adelante, decide reclinar su asiento. Ni hablar de los altos y a la vez gordos, de esos bien gordos, quienes aparte de no caber, pasan vergüenza por su gordura. Esos, si la pasan mucho peor aún…
Los pasajeros eran de variadas nacionalidades, sudafricanos, brasileños, argentinos, un popurrí de europeos y también bastantes chilenos. Lamentablemente, algunos chilenos nuevamente mostrando la hilacha, tratando de pasarse de listos, perjudicando de paso al resto…¡Pero somos más choros!
Ya arriba del avión, buscando el mejor acomodo posible, estaba consciente que no dormiría nada y tendía que levantarme varias veces para lubricar la prótesis y elongar mis envejecidos y más que otrora adiposos músculos. Fue en el primero de esos cuatro largos paseos nocturnos, donde me percaté que en los tres asientos centrales de la fila 19 (nosotros íbamos en la 14), que tienen mucho espacio porque están alineados con los «Exit», dormía cuan largo ocupando los tres asientos un joven que quizás tendría unos 25 años de edad y ni siquiera alto. Instintivamente quise remecerlo y reclamarle a los auxiliares de vuelo. Luego recapacité y concluí, que en realidad los culpables en primera línea son las líneas aéreas, en este caso Latam, pero en segunda línea el personal de tierra, que tiene la facultad de decidir y hace estas aberraciones. Ya me resigné y en los siguientes paseos, ya casi lo observaba como a los animales en un zoológico. Ni les
cuento como se puso Christi cundo vio este escenario un poco antes de aterrizar (ella sacó la foto). Al poco rato después, mientras servían el desayuno, con la mirada casi se comió a la aeromoza. En realidad, el personal a bordo cometió un único error de omisión, el no percatarse que yo iba sufriendo y conociendo que existían asientos con más espacio, no haberme ofrecido uno de esos asientos. Es decir, les faltó criterio o proactividad, o bien, el «bello durmiente» era un colega o amigo del personal a bordo…
Aunque en tantos vuelos largos y nocturnos anteriores en mi vida uno se percata de situaciones, esta vez estuve mucho más consciente de ellas, facilitado todo por los paseos. En realidad, uno podría pensar que hoy en día la gente vuela más y sabe cómo comportarse. Ya casi recién sentados, comienza el tira y afloja de quién mete mejor el codo, para ganarse el apoyabrazos. Normalmente pierde el que va en el asiento del medio, que de por sí es el peor. Si los observas, van como castigados, las manos entre las piernas sin saber dónde meter sus brazos. Lo otro que llama la atención, es el tiempo que pasan algunos en esos baños tan amplios y acogedores. Y cuando más se demoran, es cuando hay personas en espera. ¿Pensarán que en ese poco ventilado ambiente se disiparán sus aromas, mientras más se demoren en salir? Están los que patean debajo del asiento, los que reclinan y enderezan sus respaldos a cada rato, aquellos que suben y bajan las persianas, los que emanan olores, los que roncan, los que tararean la canción que escuchan con audífonos puestos, los que siguen el ritmo de la música con sus piernas y hacen vibrar toda la hilera de asientos, los padres desatentos que nos se preocupan de los berrinches, no faltan los que se tomaron unas copas demás…., el vecino latero que es un parlanchín sin fronteras, los que se excedieron con el ajo y la cebolla en la comida anterior…. Pero sumado a todo ello, en esos vuelos nocturnos, a la hora de la durma, hay quienes efectivamente duermen dignamente sentados. Otros están enfrascados en alguna película con cara de desvelo, unos pocos sólo escuchan música con ojos abiertos mirando al techo. Pero fácil sobre el 50% de las personas cae inevitablemente en posiciones, caras y gestos, ruidos y murmullos que si se vieran, sería un atentado contra el pudor de la mayoría. En esas caminatas de anoche por ese maloliente pasillo lleno de microobstáculos circunstanciales, me divertí mucho observando a las personas en tanta pose indigna.
Y bueno, después de este «informe» tan distinto a los anteriores, cierro los relatos viajeros, por ahora…
6 AM en pie. Debíamos estar a más tardar 7:15 AM en el centro de rehabilitación para animales diversos, llamado

riachuelo que cruzábamos por un puente de madera rústico. Se trataba de una serpiente que había atrapado un sapo, en realidad uno no tan pequeño, de unos 10-12 cm de largo. Espero que mi foto de celular sea elocuente…(usen su imaginación, gracias). Después de ello, congregación de primates alrededor del foco de alarma. Fue muy entretenido. Un poco más allá, a cruzar el puente colgante más largo de Sudáfrica, 128 metros de largo, que no deja de ser, cruzando un barranco de unos 50 m de altura entre copas de árboles. Aquí también pude constatar, que en toda Sudáfrica los babuinos son un tema, un problema. Ver cartel del WC.

Una vez concluida nuestra experiencia con los leones, agarramos nuestro auto rentado y partimos a 


Llegamos a duras penas con el neumático, moribundo… El caucho literalmente pedía aire… En ningún local existía el tamaño requerido. Terminamos donde el representante de la marca Continental, que es la de los neumáticos que trae de origen el auto, pero tampoco tenía de la medida y se demoraría unos días en traer uno. Debe haber sido tal mi cara, mezcla de ira y frustración, que hizo otra llamada y consiguió uno de otra marca, en una localidad llamada
Bien, acordamos la hora, nos pusieron el neumático de repuesto, ese de juguete que traen algunos autos y listo, partimos a aprovechar el tiempo de espera visitando una finca de crianza de avestruces africanas, que como negocio anexado, posee un tour informativo para turistas.
Debíamos recorrer 25 km de camino ripiado, en excelente estado, para llegar a una finca productora de brevas. Después de recorrer 18 km por desolados parajes, un neumático que ya había perdido un poco de aire, parece que acusó su debilidad y paso la cuenta. Ahí estábamos a pleno sol desmontando el neumático, cuando descubrimos una tuerca distinta, la del bloqueo, pero no había llave para soltarla. Obviamente yo no conocía de la existencia de esas tuercas distintas, ni me habían tocado nunca… Christi tampoco. Después de unos 5 minutos, en que entre mirarnos las caras con care’ pregunta e intentar soltarla con otros utensilios, en que nada prosperaba, apareció un auto. Desgraciadamente eran tres señoras holandesas de avanzada edad sesentera, las cuales tras interrogatorio de rigor confesaron no cachar nada. Como no andaban en 4×4, menos aún podían tener una llave así. Fueron
Al poco rato, afortunadamente apareció ese «alguien», una camioneta con un ganadero local que iba con esposa e hija a realizar trámites al pueblo. Daba la sensación de estar frente a la versión moderna de aquellas familias del lejano oeste estadounidense, viajando al pueblo en carreta. Bueno…, tampoco pudo ayudar con la llavecita en cuestión, pero ya estaba ideando la manera de inflar el neumático dañado y ponerle un líquido sellador que andaba trayendo. En eso, Christi descubrió que extrañamente, el «adaptador-llavecita-
famoso» estaba fondeado en la guantera. Qué hacia ahí el diminuto utensilio, es una buena pregunta. Pero con ayuda campestre sudafricana cambiamos el neumático y partimos de regreso a Prince Albert a componerlo, ya que teníamos un programa nutrido para el resto del día. Menos mal existía un lugar el pueblo en donde «recauchaban» neumáticos y nos atendieron de inmediato. Lo que no dejó de sorprender al «recauchador» y a nosotros tampoco, fue el tamaño de la piedra filosa que literalmente había traspasado el neumático, dejando un forado no menor para parchar.
Nos echamos la mañana y algo pasado mediodía, decidimos almorzar temprano y retomar excursiones. Vuelta a realizar el mismo camino ripiado, que entre lo de la mañana y lo andado en la tarde se transformó en 86 km de recorrido, entre idas y regresos. Honestamente, nunca conocí – tampoco en Chile – una plantación tan grande de higueras. Menos aún, ver cómo las secan a pleno sol y según me contaba el dueño del predio, en cinco días están listos para la venta como fruto seco. Si bien en sabor y el fruto interior es parecido a la nuestra, su cáscara no es de color negro sino más bien amarilla. Novedosa y entretenida visita a

Nos subimos a la Cape Route 62 que nos llevaría hasta
R62, planeando abrir un establo-bodega para vender productos frescos y frutas. Como me contó personalmente, mientras andaba en la playa, sus amigos le jugaron una broma, cambiando el nombre a la tienda, anteponiendo la palabra «sex». Al principio este hombre de la generación y pinta de los míticos músicos de rockeros de ZZ Top, dice haberse enojado por el cambio de nombre, pero como sexo vende, aunque Ronnie no vendiera nada relacionado, atrajo gente. Quedó el nombre y siguió arreglando el zaparrastroso edificio, hasta convertirlo en lo que es hoy. Me pregunto…: ¿cómo habrá sido antes….? Sus amigos pasaban a conversar, tomar unas cervezas y tirar un par de carnes al fuego. Durante una de estas veladas, alguien sugirió: «¿Por qué no abres un pub?» Y así fue que se convirtió en una parada obligada en la ruta, con visitantes de todo el mundo, una parada de descanso de ciclistas ruteros, camioneros y por supuesto turistas. Aparte de su tienda, posee un pintoresco bar en donde muchos visitantes escriben un mensaje en las paredes, dejan su polera o remera, así como muchas mujeres han dejado sus sostenes colgados, como humorada. Es entretenido, te topas con personas interesantes para conversar y prosigues tu camino.

Uno de los atractivos de Mimosa Lodge también es un viñedo boutique. El dueño es un famoso chef de cocina suizo, Bernhard Hess. Obviamente tuvimos cena ad-hoc. En verdad, a esa hora y sin haber almorzado, casi hubiese preferido un buen «
Ayer jueves y el día de hoy, nos dedicamos sólo a la zona de vinos, más algo de la ciudad de Stellenbosch, antes de proseguir mañana sábado a
Nuestro destino principal del día:
Poco más allá, pasamos por la playa de 
Cerca de el letrero del Cabo se encuentra la playa de Dias Beach, a la que puede accederse a pie, entre otros muchos caminos que explorar realizando agradables excursiones de trekking, pero com verán en la foto, el estado físico no nos animó para bajar y sobre todo subir los más de mil peldaños…
Después de casi doce horas de recorrido, dominando el corcel de Ford…, cansados pero contentos regresamos a darnos una buena ducha y salir a cenar simplemente pizza, aquí a la vuelta de la esquina de nuestra pensión boutique.
En
Después del jardín botánico, muy cerca de ahí mismo y circundando Table Mountain en dirección a
Arriba se pueden realizar largas caminatas por la planicie rocosa, que se mezcla con una flora que me atrevería a decir – como buen ignorante en botánica – que se parece a la que encontramos en las zonas costeras de la