Cuando por «casualidad» llegamos al final de la ceremonia de iniciación para sacerdotes de la cultura maya, la cual se realizaba en la Acrópolis Este en Yaxha, tuvimos un encuentro especial con el guía espiritual (o Chamán como los conocemos habitualmente), el sacerdote anciano (Tata) y la sacerdotisa (Nana). En lo personal quedé helado…, después reconfortado, pero pensativo, reflexivo. Tras una muy breve conversación primero con Christi y luego con ambos, en un momento se me acerca ella, la sacerdotisa, me toma la mano y me la besa, luego me mira profundamente a los ojos y me dice de manera suave, pero igual algo imperativa: ¡sánate!
Habíamos salido pasado las 8.00 AM de Isla Flores rumbo a esta reserva protegida, donde Yaxha es una especie de hermano menor de Tikal y Topoxté, una isla en el lago que se encuentra al interior de esa reserva. En el camino nos detuvimos en una laguna cuyo nombre no retuve, en donde aparte de encontrarnos unos chanchos actuando como si fueran perros callejeros, pudimos apreciar sorprendentemente que en zonas rurales de Guatemala las mujeres aún van a los lagos y lagunas a lavar la ropa. Además, ello funciona de manera similar a las redes sociales…, sólo que en vivo y en directo.
Al llegar a Yaxha, nos fuimos directo a un bote y cruzamos a Topoxté (algunos lo escriben Toposhte). Hasta ahí, éramos los únicos visitantes desde hace varios días. Se agradece esta soledad y es obvio, que no es un destino turístico prioritario. Una isla selvática profunda, densa y entretenida. Nos recibió de pésima manera una familia de Mono Aullador, con sus intensos aullidos en forma de estridente concierto, así como una lluvia de orina, excremento y algunas ramas lanzadas con el peor de los propósitos. Obvio, invadimos su territorio. Atinamos a tiempo y nos salimos de la zona de bombardeo. Bromas aparte, un espectáculo impresionante, de macho alfa activado, de la familia uniéndose y protegiéndose, de destreza acrobática de un árbol a otro, para nosotros…de sentirse cerca de la vida y la naturaleza. Visitamos unas pequeñas pirámides que deben haber sido para que jugaron los niños mayas en el periodo clásico, regresando en el bote a tierra firme.
Ahí comenzó el nuevo día de «entrenamiento», especialmente para mis alicaídos pulmones y estado físico deteriorado por la inactividad y medicamentos: extensas subidas y bajadas por un terreno cambiante, muchas pirámides y templos para subir, más pequeños que en Tikal, lo que sumado a lo largo de un día de paseo de 12 horas, resintió, pero agradablemente, los cuadricep y pantorrillas. Yaxha, en realidad es menos majestuoso que Tikal, pero logra algo distinto debido al bajo flujo de visitantes: una cercanía mayor con la abrumadora natura, así como con ese «algo adicional», por cierto espiritual, que no necesariamente la mayoría percibe. Habíamos decidido dividir la visita de templos y salir a almorzar fuera de la reserva, a un lugar llamado Portal de Yaxha, un restaurante criollo y rural a 11 km del acceso al parque. En la tarde volveríamos sólo a intentar ver la puesta de sol desde la Acrópolis Este, la más alta del lugar. Debido al riesgo de lluvias, finalmente decidimos ir a dar un vistazo a la Acrópolis, antes de partir a almorzar. Al iniciar el ascenso en dos largos tramos con escaleras, nos encontramos con mínimo 40 personas de todas las edades bajando, indígenas, muy amables. Al llegar a los pies esta Acrópolis Este, unos guardaparques nos explicaron que estaba terminando la ceremonia que expliqué al inicio de este relato. ¿Qué más puedo agregar? ¡Nada, en realidad nada, salvo que a Christi la invitaron a pedir que tuviésemos una linda puesta de sol, ello frente al altar en el cual recién terminaban de utilizar para la ceremonia, el que aún humeaba, ya que incluyó el fuego!
De ahí partimos a almorzar, donde pudimos disfrutar unos manjares criollos, tanto las fajitas de pollo, los frijoles como el pollo al Ramón, este último preparado con una nuez de igual nombre, fue de lo mejor que comimos en este viaje.
Las peticiones de Christi parece que funcionaron, ya que tras subir a lo más alto de la Acrópolis, no sólo pudimos ver una puesta de sol espectacular, sino escuchar la selva en su fase de «irse a dormir». Esa puesta de sol, puso el punto final a un día especial, pero espectacular a la vez. Si viajan a Tikal, sería un desperdicio no ir a Yaxha.
Obviamente no puedo cerrar los relatos de este viaje sin agradecer de todo corazón a mis queridísimos Carolina y Sergio, por su cariño, así como por su apoyo logístico y emocional sin límites.
Me pareció escuchar voces …, pero no piensen que estoy listo para la casa orate. Sin tenerlo planificado o pensado siquiera, «escalé» la Acrópolis Norte (el plan original era reservarme para Templo IV). «Algo» más que la curiosidad me llamó a subir la Acrópolis. Pero quizás no fueron voces, sino tan sólo un impulso asociado a una negociación intensa con mi inconsciente, preconsciente y consciente 🙂
En ese andar de una pirámide y templo a otro, hubo varias largas caminatas a través de la selva, donde recibimos variada compañía, en especial de tucanes que no pudimos fotografiar, monos araña, así como otros especímenes de variado tipo. Un concierto ensordecedor de cigarras, también fue un inesperado encuentro.
En el «intertanto» arreglaban la habitación, salimos a caminar por la isla de Flores. Se trata de otro lugar colonial, muy pequeño, eso sí, muy orientado al turismo, sin que sus habitantes sean molestos tratando de venderte productos o servicios, como suele suceder en oros lugares. Está enclavado en la selva y a las 8.30 AM el termómetro ya marcaba 28 °C y 95 % de humedad. Christi sufría la gota gorda (ver foto). Yo podría vivir en un clima así. Luego, la temperatura siguió en aumento… Desde hace muchos años que no acompañaba un desayuno de huevos tipo rancheros, con frijoles, picante, cebolla y esta vez, con una cerveza negra en lugar de café. Nada mal…, también el local, bien bohemio, todo…, desde la madrugada.
Con apoyo del hotel, organizamos una lancha y a las 10.30 ya estábamos embarcados para recorrer algunos lugares que ofrecen los alrededores, movilizándose por el lago Petén. De paso les comento, que al subir al bote que incluía un buen toldo, para variar debido a mis casi 2 m de estatura, mi cabeza se encontró con un obstáculo en el camino…
Tras quedar realmente cansados, incluido el poco sueño, tuvimos que bañarnos en el lago, donde en verdad no sé si hacía más calor afuera o dentro del agua. Fue casi como bañarse en un «hot tub» gigante. Terminamos almorzando en un restaurante a orillas del lago, a la sombra y Christi incluso pestañeó un rato en una hamaca. Primera vez que como un ceviche caliente, más bien tibio, picante, con carne de un pescado de carne blanca originario de este lago, pero que no supieron darme el nombre, con cebolla y tomate picado bien pequeño. Algo extraño en un comienzo, luego me lo bajé con gusto. Nos volvimos oportunamente a las 16 horas, antes que el cielo se viniera abajo con una lluvia tropical de esas que les encargo….
Con toda calma y hasta aprox 16.30 horas, recorrimos con todas las explicaciones requeridas
La macadamia no la conocía, bien rica les diré. Caminamos por una pa

El almuerzo fue tarde, pero valió la pena, ya que almorzamos en un lugar no turístico, con muchos sabores auténticos y por primera vez, con tortillas hechas con maíz de color negro.
¡