Volemos alto: ¡somos tan buenos como nos lo permitimos!

Para quienes no lo conocían como yo, hasta que leí lo que les relato de manera resumida más abajo, George Dantzig fue un profesor, físico y matemático estadounidense, reconocido por desarrollar el método simplex y es considerado como el “padre de la programación lineal”. Es decir era un tipo bueno para los números, una bestia para la estadística como mi concuñado Carlos, pero más allá de ello, poseía una inteligencia lógica y capacidad de razonamiento fuera de lo común.

Un día que Dantzig llegó tarde a clases en la Universidad de Berkley, observó dos tareas de estadística anotadas en la pizarra por parte del profesor. Supuso que eran tareas para la casa. Mientras las copiaba, pensaba acerca de lo difícil que eran de resolver.

Efectivamente, por varios días salió vapor de su cerebro, pero finalmente entregó los resultados al profesor. Poco después se enteró acerca de la razón por la cual el profesor había abierto tanto los ojos: no era una tarea. Había resuelto dos tesis de la estadística, que no se habían demostrado hasta entonces. Es decir, aún eran consideradas sin solución.

Duda: ¿si hubiese sabido que eran dos tesis supuestamente sin solución, habría Dantzig encontrado el resultado? – No lo sabremos nunca. Sin embargo sí sabemos, que en la mayoría de las personas, al saber que no existe una supuesta solución, provoca que ni siquiera lo intenten. 

Supongo que ustedes tampoco son confrontados a diario con problemas o desafíos científicos sin supuesta solución. Pero la predisposición “Si-es-que-fuese-factible-alguien-ya-lo-hubiese-resuelto” si existe en situaciones del día a día, tanto el trabajo como en el ámbito personal.

Esa predisposición no es un supuesto más. Ya son muchos estudiosos que han concluido desde perspectivas sociológicas y psicológicas, que la mayoría de las personas – independiente de las habilidades y fortalezas con que vinieron al mundo – creen firmemente que un problema grande es y seguirá siendo un problema grande. Son personas que poseen una imagen estática acerca de ellos mismos. Dentro de ese marco, intentan navegar lo mejor posible…, muchas veces sin éxito, lo que las lleva a la capitulación o hundimiento.

Pero también existen las personas con una auto-imagen dinámica, quienes piensan que crecer es posible, que es factible lograr cosas con esfuerzo y ejercitando la búsqueda de soluciones a problemas. Parten de la base que los problemas sí tienen solución, que las tareas pueden resolverse, por muy grandes o complejas que sean. Con ello pueden modificar para bien cada habilidad y fortaleza que posean. No se trata de cómo soy, sino de lo que puedo llegar a ser.

Estas auto-imágenes son como dos anteojos, a través de los cuales se interpreta el mundo, su propia vida personal y el trabajo. La anécdota de George Dantzig es un ejemplo de la auto-imagen dinámica: poseía el talento matemático para resolver ambos problemas, pero a la vez el convencimiento que podría resolverlos.

Tengamos presente: ¡nosotros sólo seremos tan buenos como nos lo permitimos!

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