Intuición: factor de éxito

Si pretendes realizar tu profesión soñada, descubrir qué quieres estudiar realmente tras terminar el colegio, en qué trabajar exactamente, tarde o temprano te encontrarás con “cuellos de botella”, obstáculos e incluso rechazo.

Posibles obstáculos son por ejemplo:

  • Que a pesar de haber reflexionado, buscado, participado en cursos y seminarios, aún no posees claridad acerca de tus nuevas metas profesionales.
  • En el primer paso no encuentras ningún potencial empleador, que posea necesidades acerca de tu profesión deseada.
  • Tus postulaciones son rechazadas. 
  • No te decides qué estudiar, sea ello con grado técnico o universitario

Casi cada problema de este tipo se puede solucionar a través de reflexiones sistemáticas y reiteradas, perseverancia y eventualmente con ayuda de otros.

Desgraciadamente,  la mayoría de nosotros no aprendimos como resolver problemas metodológicamente y por ello, abandonamos prematuramente ciertos caminos. Con ello, cortamos nuestras propias alas hacia el éxito.

Un “por qué”…:

Si realmente contrastas con el comportamiento acostumbrado eres catalogado como genio, loco, excéntrico e incluso como irresponsable. Es difícil deshacerse de los hábitos socialmente adquiridos, ya que el estado, el sistema educativo y la mayoría de las personas, todavía apoyan la dispersión de esfuerzos. El estado y sus órganos son aún muy torpes y por lo tanto, son los menos aptos para adaptarse a los cambios cada vez más rápidos de las circunstancias. Los sentidos, medios y esfuerzos son disgregados en forma creciente y no concentrados en problemas y grupos (luego los llamaremos grupos objetivo) bien definidos y delimitados. 

El problema decisivo es romper con los hábitos existentes. Para lograrlo requerirás de un elemento importante: la motivación. Debes tomar conciencia, que el éxito para lograr apartarte de tu diseminación de energías y concentrarte en un problema y un grupo objetivo bien demarcado, será el problema decisivo para tu futuro desarrollo. Esto será determinante para que logres arraigarte en un grupo inicialmente pequeño,  ganando en poder de influencia y como consecuencia en salud y felicidad.

Para lograr este camino que lleva de la actual dispersión a la concentración, debes seguir una sencilla cadena de fases en secuencia continua. El camino es fácil y sin riesgos. No requiere nada que una persona no pueda lograr racional y emocionalmente. Si quieres tomar el camino, es sólo un asunto de voluntad. Si no lo tomas hoy, estarás obligado a tomarlo en el futuro, debido a la presión cada vez mayor de las circunstancias.

Es un error inherente al pensamiento convencional y lineal, que cada vez que se comienza un camino, se desea planear en detalle su curso y su fin. Esta actitud es equivocada. La vida es un proceso de aprendizaje y auto-organización y luego, la maestría está en dirigirla en la secuencia y dirección correcta. Suena fácil y lógico, pero no lo es.

En su libro “Cuentos para Pensar”, Jorge Bucay cita que “nada que sea bueno…es gratis”, …y tiene mucha razón. 

Por consiguiente, al principio de un proceso de reorientación del aprendizaje, es erróneo querer planear todos los detalles involucrados. Las capacidades, motivaciones, medios y relaciones necesarias para los demás pasos, se desarrollan automáticamente en el transcurso del proceso de aprendizaje y auto-organización. Además se presentan por sí solos mucho mejor y de modo más continuo de lo que tú pudieres proyectarlos. 

No es necesario que cada uno de tus observaciones las efectúes con un excesivo perfeccionismo. Estas fases analíticas pretenden otorgar modelos de pensamiento y dirigir tus reflexiones dispersas a tareas determinadas. A menudo, no reconocerás el nexo entre el análisis recomendado y una idea posterior repentina y genial. Sin embargo, esto es justo lo característico de los procesos energéticos. Las reflexiones deben condensarse y no podrás predecirlas con exactitud en qué momento y cómo se activarán. Así pasará.

Es un hecho que el Hombre, la empresa se vuelven cada vez más eficientes, superiores, seguros, convincentes y atractivos, ya que con mayor frecuencia resuelven los mismos problemas con menor esfuerzo y mayor éxito. Esto no podemos ponerlo en duda, ya que es posible percibirlo en muchos casos y justamente debido a que este hecho es tan obvio,  tendemos a pasar por alto su importancia. Desafortunadamente desaprovechamos esta capacidad de aprendizaje tan fantástica que poseemos los seres humanos. Al contrario: le ponemos obstáculos.

No importa si manejas un auto, tocas piano, practicas salto alto, diriges teatro, vendes máquinas impresoras, desarrollas nuevos productos, realizas negociaciones, diviertes al público o realizas bailes folclóricos: sólo debes repetir la misma tarea correctamente y con frecuencia, para que desarrolles capacidades para realizarlas de tal forma que a otras personas les resulte suprahumano o hasta genial. El desarrollo de estas capacidades se debe a la frecuencia de las repeticiones y menos, al esfuerzo o a la inteligencia. Esto se llama proceso de aprendizaje. De hecho, este fenómeno no es psíquico sino un proceso de auto-organización  social. Este proceso abarca hasta el desarrollo de capacidades extrasensoriales, como por ejemplo los “educated guesses” (adivinanzas aprendidas). Otros más intuitivos lo llaman simplemente “olfato”. Más aún: el cerebro almacena cada observación, cada proceso de pensamiento y de trabajo y en cada repetición este proceso se reproduce automáticamente. De este modo se liberan las fuerzas creativas que enriquecen esta evolución. En la práctica no existen límites algunos para los procesos de auto-organización interior de los seres humanos o de empresas. Desde hace décadas, en los deportes se piensa que un récord extraordinario fija un límite de un alto rendimiento humano. Sin embargo no hay récord que no haya sido superado. Incluso sin “doping”  se han superado marcas antiguas logradas con estimulantes. 

Debido a su diseño básico, los colegios, las instituciones de capacitación profesional y la mayoría de las carreras universitarias, impiden que en el transcurso de una vida los problemas del individuo se repitan con la frecuencia con que pudieran repetirse. Por consiguiente, inhiben la mejor formación de cada cual. Impiden que el Hombre y la empresa desarrollen la eficacia, eficiencia, talentos, creatividad, capacidad de atracción, manejo de emociones,

relación social y con ello, la capacidad de poder resolver los problemas en común de la manera como lo pudieran realizar. No hay palabras para describir la magnitud de este error central de pensamiento y en qué medida ha dañado a la humanidad en su desarrollo natural. Ríos de sudor, dolor, sangre, lágrimas y pérdidas se deben en buena parte a este error que contrarresta en el Hombre la tendencia a la especialización. Paradójicamente la naturaleza nos enseña diariamente esta especialización, ya sea en el desarrollo de las células, plantas y animales. Quien no corrija esta evolución en sí mismo, sufrirá sus consecuencias y fracasará.

Lo que la ciencia, el estado y la educación pública y privada exigen en el campo profesional, es lo mismo que si en el campo deportivo se pidiera al atleta que estudiara la historia y teoría del deporte y que presentara un examen estatal, antes de poder concentrarse  en su especialidad deportiva. ¿Frustraciones por doquier?  ¡Así es!

Alguno de Ustedes podrá objetarme, argumentando que la calificación física se rige por leyes muy distintas a las de calificación intelectual y espiritual. Me explico: lo interesante del asunto es que cada persona que se especializa en cierta disciplina deportiva, desarrolla cada vez más interés en su teoría general. Mientras más sepa una persona de un asunto, mayor será su impulso de saber más de éste. Por consiguiente, no puede pasarse por alto que el Hombre tiene que pasar de un campo especializado a un ámbito más generalizado. Nuestro sistema de educación está organizado al revés. Es la causa del desarrollo intelectual y espiritual insuficiente. 

Si sólo tomas en cuenta el intelecto y contemplas la vida como un tema matemático que puede resolverse únicamente de manera racional, verás todos los problemas de modo superficial. ¡Tú posees fuerzas emocionales!  Estas fuerzas intuitivas de tu cerebro –a través de las fuerzas emocionales- se vuelven más conscientes ante la urgencia de un problema y el inicio de su solución. 

Desde hace siglos, la ciencia está confrontada a dos mecanismos distintos de toma de decisión: el camino racional y el intuitivo. Dicho de otra forma, los mandatos según el cálculo y los basados en la emoción. Nadie negará que muchas de las decisiones y las empresas más exitosas se crearon sobre la base de una intuición y no exclusivamente en cálculos racionales. Todos hemos tenido la experiencia que una solución que buscábamos por un buen tiempo, de pronto se produce en nuestro sueño o bajo una ducha, es decir en una condición relajada. Pero nuestro sistema educacional, laboral o social castiga este tipo de dictámenes,… aun cuando tras las sombras del sigilo igual se realizan en forma “clandestina”. Pero no puedes pensar que todo debe ser puramente emocional. Existe una relación marcada entre la ocupación concentrada, prolongada y reiterada con un problema y su solución intuitiva. 

Mi opinión personal, es que la intuición es la forma más evolucionada de la inteligencia, trascendiendo a todas las demás, a todas las habilidades y talentos. Y lo mejor: todos la poseemos y en gran cantidad, pero en la mayoría de nosotros, está profundamente dormida.

Por ejemplo, las teorías de administración de empresas desarrolladas hasta hoy, se limitan preferentemente a las que pueden comprenderse intelectualmente. Para ello es suficiente analizar la mayoría de las mallas curriculares de los estudios universitarios correspondientes. Ocasionalmente y como  ramos optativos recién se comienza a discutir la inteligencia emocional, en muchos casos más por moda que por convicción. Estos dogmas administrativos optimizan procesos materiales y monetarios cuantificables; últimamente y crecientemente, procesos menos materiales de la informática. Es lamentable que no traten con ámbitos menos cuantificables como el alma, la relajación, las emociones y la intuición. Debido al “homo economicus” en que se basan todos los modelos de pensamiento, en donde los participantes se comportan según reglas estrictamente racionales, no se aceptan estos conceptos en forma alguna. Prácticamente se ha dejado de lado la cuestión de las fuerzas motrices y reguladoras de la economía, es decir, el por qué los Hombres piensan y actúan en la forma en que lo hacen y por consiguiente, no se ha tomado en cuenta la cuestión del por qué las mejores decisiones se tomaron basándose en fuerzas intuitivas y no de un resultado directo de un cálculo eminentemente racional. Quizás los publicistas, considerados los artistas de la economía moderna, son los mayores actores sensibles a los elementos emocionales. Desgraciadamente muchos tienden a dogmatizar su creatividad, tanto en lo que ellos creen o como resultado de ciertos estudios racionales, pero no en lo que ciertos grupos, círculos o sociedades quieren o necesitan realmente.

Ya que son muy pocos los que se han ocupado de las razones de la intuición, se ha considerado como rasgo de carácter, coincidencia o excentricidad. ¡Pero tú también has tenido la experiencia personal que la intuición no es producto del vacío!  Casi siempre le antecede una confrontación repetida y frecuente con el problema o una ocupación determinada con éste, ya sea de manera consciente, inconsciente o mixta.

Mientras tanto se sabe que la intuición se basa en procesos de tensión psíquica. En el sentido literal de la palabra, se trata de “estallidos” de la mente que se producen por medio de la fricción repetida con el mismo problema. Esto también explica el por qué se activan los así llamados “educated guesses” en personas con mucha experiencia en un campo específico, es decir, de percibir intuitivamente lo que todavía no podían saber intelectualmente. Obviamente la repetición aumenta, según la frecuencia con que se ha presentado el mismo problema, o según la reiteración con que la persona se ha ocupado de éste de una manera consistente. Esto significa que la fuerza de la intuición depende por una parte de la fuerza de la tensión o urgencia del problema, y por otra parte su periodicidad.

El cerebro humano es un sistema de tensiones. Tiene la capacidad de concentrar sus sentidos conscientes e inconscientes en la solución de un problema que sea considerado especialmente urgente, de presentar con la solución intuitiva una solución concertada por el inconsciente, incluyendo las experiencias obtenidas hasta aquel momento. El proceso se logra con la velocidad de una explosión. Lo que sucede frecuentemente, es que éstos “estallidos” no son reconocidos como soluciones o no son consideradas seriamente por nuestra educación racional. Es así como muchos, pero realmente muchos remedios a problemas se pierden en nuestro propio Triángulo de las Bermudas.

Debes comenzar a creer que tu intuición no es un rasgo de carácter o coincidencia, sino que puedes llegar a producirla conscientemente como la electricidad, pudiendo sofisticarla mucho más allá de lo que puedes imaginarte.

El manejo de los obstáculos

En el manejo de obstáculos (“cuellos de botella”) la mayoría de las personas se concentran casi completamente en el obstáculo propiamente tal y sus efectos negativos. Esa es una concentración equivocada:

  • ¿Por qué me tiene que suceder a mí?
  • ¡Soy tonto (a), viejo (a), inexperto (a)…etc.!
  • Si no resuelvo esto, me va a pasar algo terrible…
  • ¡Todo lo que hago me sale mal!
  • Etc., etc.

Si te concentras demasiado en el problema…

Para resolver un problema, por supuesto debes verlo e incluso analizarlo. Sin embargo, lo decisivo no es concentrarse excesivamente en el problema, ya que puede provocarte frustración, culpabilidad, dudas, compasión por ti mismo (a), sentimientos de víctima, etc.

Quizás ya lo observaste alguna vez: sólo ves el problema y sus consecuencias negativas en diversas facetas. 

Mucho más importante que el problema en sí, es como resolverlo o mejor aún, transformarlo en una oportunidad. 

La pregunta clave: ¿Qué puedo hacer?

Mucho más eficaz es concentrarse intensa y consecuentemente en la solución del problema. Personas orientadas a la solución de problemas, ocupan más tiempo en las soluciones que darle vuelta al problema en sí. Para mantener la distancia con el problema propiamente tal, pregúntate: “¿Si alguien más tuviese este problema, cuál sería mi consejo?”

Lo medular en pensar y actuar en función de soluciones y con auto-responsabilidad sale a flote la pregunta: ¿Qué puedo hacer? Siempre cuando enfrentes un problema o algo no sale como lo esperabas, pregúntate lo siguiente:

  • ¿Qué quiero en lugar del problema?
  • ¿Qué podría hacer exactamente para lograr eso?
  • ¿Qué podría realizar, para que el problema no vuelva a aparecer en el futuro?
  • ¿Cuál es la solución más prometedora de éxito?
  • ¿Cuáles son mis siguientes pasos?

A través de la reflexión y búsqueda de respuestas a estas preguntas, te concentrarás de manera consecuente en la búsqueda de soluciones. Pero no solo te debes quedar en la reflexión, sino también actuar. 

“Pensar es fácil, actuar es difícil. Actuar según se piensa es aún más difícil”…¡pero concentrándote responsablemente en soluciones, es factible!

¿Qué distingue a una persona consciente de sus responsabilidades?

Utiliza esta lista para evaluar, si piensas o actúas de esa manera…

Una persona consciente de sus responsabilidades y orientada a las soluciones: 

  • Reflexiona detenidamente acerca de lo que realmente quiere y no quiere.
  • Actúa o busca formas de solución a un problema que le impida alcanzar una meta.
  • Asume la responsabilidad de lograr lo que se ha propuesto.
  • Sabe que es propia la responsabilidad de su vida y su suerte y de nadie más.
  • Asume responsabilidad por sus sentimientos (sabe que por ejemplo, que es su propia decisión – aunque sea inconsciente – cuando se sienta decepcionado (a) o se enoja con alguien).
  • Sabe que nadie le debe deber nada.
  • Se alegra por la ayuda y apoyo recibidos, pero no confía su destino a ello.
  • Busca ayuda de manera focalizada, especialmente donde posee debilidades, pero no traspasa la responsabilidad, por el contrario, se siente aún más responsable.
  • Aunque no logre su meta a pesar de la ayuda y el apoyo, busca otro tipo de apoyo.
  • Toma consciencia del precio que posee alcanzar su meta y decide entonces, si está dispuesto (a) a pagar ese precio.
  • Si no existe disposición a pagar ese precio, debe modificar su meta y no vive lamentando el haber abandonado la anterior.
  • No se lamenta o reclama permanentemente acerca de aquellas cosas que no puede o no quiere cambiar.
  • No traspasa culpabilidades a otros cuando algo no le resulta, sino que sabe, que siempre existe un grado de culpabilidad propia.

Ejercicio: ¿Qué tan responsablemente me comporto?

Evalúa con la lista anterior, que tan acentuada es tu auto-responsabilidad.

Si llegas a la conclusión que puedes optimizar tu auto-responsabilidad y orientación a soluciones, te preguntarás “¿qué puedo hacer?”, buscarás y coleccionarás ideas y posibilidades de solución.

Responde para ti mismo (a) y por escrito las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo reacciono normalmente frente a problemas, obstáculos y decepciones?
  • ¿En mi vida cotidiana, existen ámbitos en los cuales el pensar y actuar con auto-responsabilidad se me hace más fácil?
  • ¿Cuáles son esos ámbitos y qué es lo que hace que sean más fáciles?
  • ¿Qué puedes hacer para integrar aún más la pregunta “¿qué puedo hacer?” en tu vida diaria?
  • ¿Cuándo te atascas en la solución de un problema, buscas culpables en otra parte, te compadeces de ti mismo (a) o te lamentas?
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