¿Cómo abordar las limitaciones personales para desbloquear el potencial profesional y emocional?
¿Por qué un “sparring”, una mentoría o un coaching eficaz debe abordar estratégicamente el cuello de botella medular?
¡Conoces la situación! Aunque sabes que tu comportamiento en determinadas situaciones no ayuda, o incluso empeora las cosas, no te sientes capaz de cambiar tu conducta.
- A un directivo excelente no le dan un ascenso porque es demasiado frío y ultra realista con los clientes y suele discutir por pequeñeces.
- Un gerente de división competente se toma algunas cosas muy emocionalmente en cada presentación y por eso da la impresión de ser poco profesional.
- Una arquitecta independiente llega unos 30 minutos tarde a casi todas las citas con clientes. Ya ha perdido varios proyectos porque la gente duda de su fiabilidad. Su comportamiento es un misterio para ella.
- Una jefatura de proyecto experimentada quiere complacer a todo el mundo, hace promesas que nunca puede cumplir y, por tanto, pone en peligro repetidamente toda la colaboración del proyecto.
Estas personas ya lo han intentado mucho. Han leído libros, han hablado del tema con colegas y amigos, quizá incluso hayan asistido a un seminario. A veces les ha ayudado un poco, y a menudo nada. Dos pasos para adelante, tres para atrás…
¿Por qué?
La razón es un cuello de botella individual. En determinadas situaciones, las personas pueden caer en patrones de percepción y comportamiento extremadamente rígidos. Algunos hipnoterapeutas llaman a este estado “trance problemático” (se refiere a un estado en el que una persona entra en una especie de trance debido a experiencias estresantes, conflictos o problemas). Este trance puede manifestarse de diversas formas, por ejemplo mediante síntomas físicos como tensión, inquietud o trastornos del sueño, pero también mediante reacciones emocionales como miedo, ira o depresión. Por regla general, la persona afectada queda atrapada en este trance y no puede liberarse de él por sus propios medios).
¿Cómo ocurre esto?
Porque normalmente tendemos a pensar en nuestros problemas y preocupaciones de forma habitual. En este estado, nuestros pensamientos no hacen más que dar vueltas en círculo, nuestro estado de ánimo se deteriora y nos sentimos como si estuviéramos indefensos a merced de los acontecimientos.
En ocasiones, los sentimientos o los problemas se vuelven tan abrumadores que perdemos la fe en que volveremos a tenerlos bajo control en algún momento. La presión que pesa sobre nosotros en esas fases es tan enorme que probablemente nuestra percepción ya se haya estrechado y nos bloqueemos en nuestro pensamiento o cometamos errores. Esto nos lleva a entorpecernos con nuestra propia visión de las cosas o nuestra actitud interior.
Pero, ¿cuál es la causa de un trance problemático? ¿Por qué alguien no puede abandonar sus comportamientos “improductivos”?
Tiene que ver con el hecho de que esas rutinas de pensamiento y comportamiento tuvieran en su día una función importante. Prácticamente, no son el problema en absoluto, sino una solución. No para la situación actual, por supuesto. Aquí es donde las personas experimentan graves desventajas. Si no una solución en una situación anterior que la persona suele haber olvidado hace tiempo. En otras palabras, hoy no son conscientes de ello.
En el último cuarto de siglo he asistido a varios seminarios de personalidad, principalmente dictados por máximos exponentes alemanes en la materia, donde trabajamos —y han resuelto— este tipo de trances problemáticos. Pero no con insinuaciones ingeniosas, practicando nuevos comportamientos o consejos útiles. ¿Por qué he asistido a estos seminarios en particular? Tan simple como que estos psicoterapeutas-coaches, ya hace muchos años, desarrollaron métodos de coaching, mentoría y sparring basados en la ESC, que por ya cuatro décadas me ha acompañado como modelo y método estratégico, fundamentalmente asesorando pymes, colegios, asociaciones, así cono en mi propia carrera cuando ejercí como Gerente General remunerado o en mis propios emprendimientos.
Pero yo no veo el problema de alguna persona, como una falta de conocimientos o de información especializada. Más bien, es su cuello de botella el que está impidiendo su nuevo comportamiento, a pesar de sus mejores intenciones. Es más, el liderazgo transformacional pragmático que es el modelo que promuevo, se basa en los comportamientos del líder que buscan provocar cambios de comportamientos deseados en sus colaboradores. Ilustrativo es un método complementario de gestión del desempeño bautizado PROSPIRA, ya que representa un ciclo continuo de progreso personal y profesional, simbolizado por una espiral dinámica. Este modelo se basa en la interconexión entre el aprendizaje, el feedback y la delegación eficaz.
Un químico fue el primero en descubrir el secreto del cuello de botella. ¿Por qué a veces las plantas no prosperan a pesar de tener la mejor tierra, suficiente sol y suficiente agua? Justus von Liebig formuló este principio con su ley mínima: el cuello de botella: “El crecimiento de una planta se orienta hacia el nutriente del que tiene menos”. Si la planta carece de cierta cantidad de un nutriente elemental en alguna fase de su desarrollo, por ejemplo, fósforo, las aplicaciones adicionales de nitrógeno no sirven para nada. Por eso hoy en día la mayoría de los agricultores solo fertilizan tras tomar una muestra del suelo.
Lo mismo ocurre con las personas.
Aquí, sin embargo, los cuellos de botella no son la falta de sustancias químicas o de nutrientes, sino experiencias esenciales en los primeros doce años de vida que han llevado al desarrollo de estrategias personales de supervivencia. No mediante el pensamiento, sino inconscientemente, de forma no verbal y emocional. Así lo dicen estos expertos psicoterapeutas.
Hoy en día, recurrimos inconscientemente a estas primeras estrategias de supervivencia, normalmente:
- Si una situación del aquí y ahora se experimenta como estresante o angustiosa.
- Si la situación es similar a una situación angustiosa/estresante de la infancia.
(Una coincidencia del 60 % es suficiente para que la amígdala del cerebro, que vigila el peligro, haga sonar la alarma).
Por tanto, el directivo ya ha realizado una formación en comunicación y ha practicado la escucha activa. “Pero cuando estoy sentado frente a un cliente importante, todo mi conocimiento desaparece y me vuelvo muy frío y comercialmente pragmático”.
El gerente de división es consciente de su condición de experto y de que nadie del público puede hacerle sombra en una presentación. “Pero si veo a alguien en primera fila mirando su teléfono durante mi presentación, pienso inmediatamente que probablemente esté diciendo tonterías aburridas”.
La arquitecta planifica cuidadosamente sus citas, incluso con suficiente margen, pero casi siempre llega media hora tarde. “¡Es como un hechizo! Tengo dos teléfonos con función de alarma que me recuerdan cuándo tengo que salir de casa. Entonces ya estoy en el auto, ¡una llamada de teléfono! Creo que puede ser un cliente importante, me pierdo… y vuelvo a llegar tarde”.
Un comportamiento tan persistente no puede superarse con consejos, datos útiles o ejercicios. Sobre todo, mientras la persona afectada no entienda por qué, sigue actuando así en contra de su buen juicio.
La respuesta: ¡porque un cuello de botella impide un comportamiento más inteligente!
Y ello se combate con fortalezas, especialización, innovación, es decir, con un sparring o coach que domine la Espenovación


