Confesiones de liderazgo de un CFO atípico
No todos los días te encuentras con un líder que, en lugar de escudarse tras una máscara de perfección, decide abrirse con honestidad brutal. Fue en una sala de reuniones austera, con la luz de la tarde filtrándose por las persianas, donde escuché estas confesiones.
Él, un CFO con décadas de experiencia, me miró fijamente y, tras un breve silencio, me dijo:
«Voy a contarte lo que nadie quiere admitir sobre el liderazgo, pero con una condición: no menciones mi nombre si llegas a compartir mis reflexiones con otros. «No quiero que esto sea sobre mí, sino sobre lo que significa realmente liderar».
Acepté. Y lo que siguió fue una conversación que, aún hoy, resuena en mi mente. Aquí comparto sus palabras, sus aprendizajes y sus reflexiones, con la promesa de proteger su identidad, pero también con el compromiso de transmitir lo que, según él, todo líder debería saber.
“Liderar es avanzar, aunque incomodes a otros”
«Déjame empezar con algo que aprendí a la fuerza: liderar significa incomodar. No importa cuánto te esfuerces en ser diplomático, en buscar consensos o en tratar de llevarte bien con todos. Si estás liderando de verdad, si estás impulsando cambios reales, vas a pisar algunos callos.
Cuando empecé en este rol, intenté ser el CFO que todos querían: el que no se mete en problemas, el que aprueba presupuestos cuestionando lo que se esperaba que cuestionara, el que se alinea políticamente con la corriente. Pero pronto entendí que ese no era liderazgo, era complacencia. Y la complacencia, en el mundo corporativo, es una forma lenta de hundirse.
Hay una frase que me marcó: ‘Quien se mueve, pisa los pies de la masa inmóvil’. Y es verdad. Liderar significa moverse, y moverse significa transformar y, por lo tanto, incomodar. Pero aquí está la clave: no puedes avanzar solo. Necesitas aliados. No todos van a estar de tu lado, y está bien. No pierdas tiempo tratando de convencer a quienes no quieren cambiar. Invierte tu energía en quienes comparten tu visión. Cuídalos, porque ellos son los que te ayudarán a mover la montaña.”
“La integridad no es negociable”
«En mi carrera he visto de todo: líderes que brillan en las reuniones con los altos mandos, pero que son un desastre con sus equipos; personas que predican valores, pero que los traicionan a la primera oportunidad. Te diré algo: la integridad no es negociable.
*Mary Barra, la CEO de General Motors, tiene tres preguntas que me parecen brutales:
- ¿Cómo te describirían tus colegas?
- ¿Cómo lo harían tus superiores?
- ¿Y cómo te describirían las personas que trabajan para ti?*
Estas preguntas son un espejo. Si las respuestas no son coherentes, tienes un problema de liderazgo, no de habilidades técnicas. La integridad se mide en cómo tratas a las personas cuando nadie más está mirando. En cómo hablas de los demás cuando no están presentes. En sí tus acciones coinciden con tus palabras.
Te confieso que no siempre fui coherente. Hubo un tiempo en que trataba de complacer a mis superiores a costa de mi equipo. Y lo pagué caro. Perdí la confianza de personas valiosas, y reconstruirla fue un proceso largo y doloroso. Desde entonces, aprendí que la integridad no es solo un valor moral, es una estrategia de liderazgo. Porque cuando las personas confían en ti, están dispuestas a dar lo mejor de sí mismas. Y eso, al final, impacta en los resultados.”
“Escuchar es el activo más subestimado”
«En el mundo corporativo, todos quieren hablar. Todos quieren tener la última palabra, ser el centro de atención, imponer su punto de vista. Pero pocos saben escuchar. Y te diré algo: escuchar es un acto de liderazgo.
No hablo de asentir educadamente o de esperar tu turno para hablar. Hablo de escuchar de verdad, de poner toda tu atención en lo que el otro está diciendo, incluso si no estás de acuerdo. Escuchar es incómodo, porque te obliga a confrontar tus propias ideas, a abrirte a la posibilidad de que podrías estar equivocado. Pero es también una de las herramientas más poderosas que tienes como líder.
Cuando escuchas, las personas se sienten valoradas. Y cuando las personas sienten que importan, trabajan con más pasión, con más compromiso. He visto cómo equipos enteros se transforman cuando sienten que su voz es escuchada. Y lo curioso es que esto no cuesta nada. Solo requiere tiempo, paciencia y humildad. Pero, por alguna razón, sigue siendo el activo más subestimado en el liderazgo.”
“Liderar es un equilibrio entre emoción y razón”
«Como CFO, mi trabajo siempre ha sido visto como frío, calculador, centrado en los números. Pero te confieso algo: liderar no es solo cuestión de lógica. Es también un acto profundamente emocional.
Claro, los números importan. Las métricas, los indicadores, los resultados son fundamentales. Pero detrás de cada número hay personas. Y si no entiendes eso, si no conectas con las emociones de tu equipo, nunca vas a ser un líder completo.
Liderar es caminar en una cuerda floja. Por un lado, debes tomar decisiones complejas, a veces impopulares. Por otro, debes cuidar a las personas que te rodean, inspirarlas, motivarlas. Es un equilibrio constante entre la emoción y la razón, entre la pasión y la estrategia. Y no siempre es fácil.
Te confieso que hubo momentos en los que me incliné demasiado hacia la frialdad, hacia los números. Y lo pagué caro. Perdí oportunidades de conectar, de inspirar. Pero también hubo momentos en los que me dejé llevar por la emoción y tomé decisiones que no eran sostenibles. “Liderar es un aprendizaje constante, un ejercicio de equilibrio que nunca termina.”
“Mi última confesión”
«Si hay algo que quisiera dejar claro, es esto: liderar no es para los débiles de corazón. Es un acto de valentía, de humildad y, a veces, de sacrificio.
No tengas miedo de incomodar, porque el cambio siempre genera resistencia. Pero tampoco descuides a quienes te apoyan, porque ellos son los que harán posible el cambio. Actúa con integridad, porque sin ella, todo lo demás pierde valor. Y escucha, porque en el silencio del otro están las respuestas que no encontrarás en ningún informe ni en ningún balance.
Liderar, al final, no se trata solo de maximizar beneficios o de alcanzar objetivos. Se trata de construir algo que perdure, algo que inspire, algo que trascienda. Y eso, créeme, no tiene precio.”
Cuando terminó de hablar, este CFO se recostó en su silla y me miró con una mezcla de cansancio y determinación.
«Eso…, ¿vamos a otra parte por una cerveza y a hablar de otras cosas?», fueron sus palabras de cierre.
Y aquí lo tienes. Sus palabras. Sus confesiones. Espero que, como a mí, te sirvan para reflexionar sobre lo que significa liderar, no desde la perfección, sino desde la humanidad.
¿Qué opinas? ¿Qué añadirías a estas reflexiones? ¿Te has enfrentado a alguna de estas situaciones como líder? ¡Te leo en los comentarios! 👇
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