Patriotismo, honor, deporte y selecciones nacionales

A raíz de un Torneo Sudamericano de Voleibol que se realizó recientemente en Chile, el menor de mis hijos, Sebastián, que había jugado largos años y capitaneado la Selección Chilena, reiteró una decisión anterior para el Preolímpico para Río, de no jugar. Las razones las volvió a señalar en contacto personal y privado con el Presidente de la Federación, quien sin previa autorización y además dando informaciones erróneas del contexto general e histórico, lo hizo público. Mi hijo, quien es el jugador profesional del voleibol chileno que históricamente más tiempo ha permanecido con gran éxito en las primeras ligas de Europa, se guardó el derecho de no ventilar públicamente la principal razón de su alejamiento. Pero lo que haya dicho o no haya dicho mi hijo al Presidente, lo que éste ventiló de una conversación privada o lo que finalmente publicó la prensa, no es el tema que quiero abordar el día de hoy. 

Cuando por mi cuenta y sin comunicación al respecto con mi hijo, me sentí con la necesidad moral de salir a desmentir públicamente en redes sociales lo que aparecía en la prensa, el respaldo a mi hijo fue abrumador. Sin embargo, el diario de mayor circulación en Chile, “La Tercera”, no publicó mis descargos. Más allá de algunas voces críticas y mal intencionadas – pero sobre todo desinformadas – desde el interior del propio equipo técnico de la Selección, me llamaron la atención algunos dichos de personas ligadas a este deporte, unos más entendidos que otros. Por ejemplo:

“Ricardo, somos muchos los padres que apoyamos a nuestros hijos deportistas destacados, y sabemos que el apoyo es escaso. Pero no podemos circunscribir el éxito de ellos solo al club a que defendieron. Ese club participó de una liga nacional, más campeonatos organizados por diferentes clubes como el Español, Italiano, y otros, inclusive el mismo Manquehue. Todo lo anterior da para que un “chileno de corazón” juegue y defienda a su país natal”.

“A la cresta opiniones y dichos de los dirigentes, todo eso no vale, lo que vale es vestir La Roja y sacarse la cresta por el equipo nacional”.

“Es muy filosófico el concepto de “representar a tu país”. Sólo se representa al voleibol de la Federación Chilena, en este caso. Considero que Sebastián, como jugador profesional tiene muy claro lo que es su carrera y sus prioridades. Hay que desdramatizar el deporte y no dar carácter de “patriota” a aquellos que se visten con los colores de una federación deportiva. Patriotas es un concepto mucho más amplio, que claro está, no es el motivo de discusión aquí.  Abrazo y respeto para todos!”

El comienzo de su carrera internacional es gracias a la selección, por otra parte a nadie se le paga por asistir a la Selección, en el club se juega por plata y en tu país por el honor.

Todo ese preámbulo era necesario, para llegar a los dos puntos que hoy realmente quiero abordar. El primero, bien concreto, el segundo más filosófico. 

CONCRETO

Sí, somos una familia de ascendencia alemana, como existen tantas otras en Chile con antepasados españoles, italianos, franceses, croatas, alemanes, ingleses, franceses, entre muchos otros. No se puede decir, que en nuestra familia no se haya respirado, vivido, olido el deporte competitivo de manera apasionada y haber representado “con el corazón” a nuestro país, Chile, en innumerables ocasiones, variadas circunstancias y diferentes deportes. El deporte competitivo leal y comprometido, para representar  sólo “al club de nuestro corazón” y “país de nuestro corazón”, es parte esencial de nuestra cultura familiar. Créanme, si en el pasado, presente o futuro un miembro de nuestra familia desiste de asistir a una convocatoria de Selección Chilena, las razones deben ser de peso. 

Sin pretender caer en un personalismo egocéntrico familiar, sobre todos para quienes no conocen la historia, aquí realizo un escueto resumen con algunas imágenes que sugiero detener en la presentación, para leer: 

Mi abuelo, Erwin Gevert Nissen, nacido los primeros días del siglo XX en Constitución, no sólo fue un gran gimnasta, campeón sudamericano en salto triple en el año 1919 y campeón sudamericano ganando oro en decatlón en el año 1927, donde en este último se generó sorpresivamente una inesperada historia (ver en la presentación de fotos). Asimismo escribió junto a Don Carlos Strutz el primer gran libro de preparación física aplicada, en 1930. 

1976 Revista Estadio-Erwin Gevert
Revista Estadio-Erwin Gevert

Mi padre, Dieter Gevert, no sólo fue seleccionado chileno juvenil de natación, también de rugby y básquetbol, haciendo posteriormente una larga carrera como discóbolo con sendas medallas de plata dos torneos iberoamericanos y tres sudamericanos. Nunca pudo lograr un oro. Al final de su era como lanzador de disco, logró un bronce en un mundial mayores de 40 años. A sus 44 años comenzó a jugar voleibol más en serio y llegó a ser titular en el equipo de Club Manquehue, que fue campeón múltiples veces. Con el fuerte impulso de mi padre la rama de voleibol del club sumó la parte competitiva de manera definitiva, ya que hasta entonces era sólo recreativo. Ello marcó una pauta: con él se iniciaron – hasta ahora – tres generaciones en mi familia, que sólo jugaron por Club Manquehue en Chile, lo que es parte de las lealtades y compromisos que hablaba antes. Con el país Chile, con mayor razón. 

Mi tío fue otro destacado atleta: Jörn Gevert ostentó por largos años las marcas nacionales en 110 m y 400 m vallas, fue varias veces campeón sudamericano en ambas disciplinas, medalla de plata panamericana en la posta 4×400 y su participación en ambas pruebas en las Olimpíadas de Helsinki, sin poder acceder lamentablemente a las finales, sobre todo en 400 m donde trastabilló en la última valla de la semifinal, cuando estaba clasificando con la posibilidad de quebrar nuevamente el récord sudamericano. 

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Luego vino mi generación. Mis hermanos Alejando (más conocido como Alex) y Erwin (más conocido como Chito), no sólo fueron parte de los distintos títulos ganados con Club Manquehue en Chile, sino parte esencial del plantel que ganó bronce en el Torneo Sudamericano de 1981 y asistió al Mundial de Voleibol en 1982. Ambos pudieron ser exitosos en otros deportes, previo al voleibol Alex especialmente en básquetbol donde se perfilaba muy bien, mientras Erwin, siempre pudo ser un grande en el salto alto. En mi caso primero fui atleta quizás por ser el hermano mayor, siguiendo la tradición familiar, pero desde los 15 años de edad ya entrenaba un poco de voleibol como complemento y porque en realidad, me gustaba más. A los 16 años en el primer Torneo Sudamericano de Menores de Atletismo, es decir Sub-16, logré medalla de oro en disco, así como bronces en jabalina y bala. Posteriormente derivé al voleibol de club, Selección Juvenil y Pre-Selección Adulta, la cual tuve que abandonar – entre otros – por razones laborales. En 1984 junto a mi hermano Alex, fuimos los primeros voleibolistas chilenos que jugamos profesionalmente en Europa, en la Bundesliga Alemana.  

La generación de mis hijos repite diversos logros a nivel de Club Manquehue, pero también en la Selección Nacional y el extranjero. Cristóbal, el mayor de mis hijos, fue parte de la Selección Chilena y también jugó una temporada en la Bundesliga alemana. Juan Pablo, el del medio, por varios años fue el capitán de la Selección Chilena, siendo el armador del cuadro nacional para dos generaciones consecutivas de jugadores. Juan Pablo coincidió con Cristóbal en un período de la Selección y también alcanzó a jugar con quien es seis años menor, Sebastián. El menor de mis hijos, Sebastián, también jugó largos años por la Selección Chilena, repitiendo la capitanía que tuvo Juan Pablo años antes. Hoy lleva muchos años en ligas profesionales de primera división europeas: primero España, luego campeón en Portugal, tres años en la Bundesliga, participación en copas de Europa, campeón en República Checa y hoy pronto a iniciar una nueva temporada, esta vez en Bélgica. 

En todos los casos de la historia de los deportistas en mi familia que han sido seleccionados nacionales, siempre estuvo y estará la lealtad y el compromiso, haya sido en la época amateur o la profesional. Parte de este comentario es para corregir tanta habladuría errada y sobre todo mal intencionada y envidiosa, pero también para poner en su lugar a quienes sin vivirlo, porque ni siquiera llegan a la instancia, se atreven a esbozar una supuesta falta de patriotismo y honor deportivos. Eso agrede la cultura familiar, ello agrede la historia familiar, ello agrede a verdaderos patriotas deportivos sin afán de ningún heroísmo. ¡Espero que muchos de ellos posean comprensión lectora suficiente!

Ante la dificultad impera lo profundo.  Especialmente en el deporte colectivo, en nuestro caso el voleibol, el deporte es parte de nuestro ADN y nos co-educó para la vida a comunicar las emociones, trabajar en equipo  y organizarnos, apoyarnos en guías positivos, a esforzarnos y ser perseverantes, hacernos respetar en nuestras opiniones y libertades, desarrollar confianza en nosotros mismos y otros, tener objetivos y prioridades claros, trabajar con respeto con personas más y menos talentosas que nosotros.

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FILOSÓFICO

Aquí podría extenderme una eternidad, pero no lo haré.

Partiré opinando que el patriotismo, a mi entender, ante todo es una decisión y sentimiento individual, libre, en el cual intervienen los valores, afectos, cultura e historia del país y sobre todo, de la manera que cada cual lo ha vivido. Varía, hay países donde se educa el ser patriota con carácter nacionalista y en aquellas naciones europeas que “ya han pasado las de Quico y Caco”, incluso lo consideran jingoísta, poco culto, racista… Por ende, es bastante difícil de unificar criterios acerca del concepto y menos, arrogarse la verdad si es bueno o malo que alguien sea patriótico, o en cuales casos se es o no patriótico. Después, al patriotismo se le pueden poner los apellidos que cada cual prefiera: burgués, proletario, económico, cívico, constitucional, deportivo, espiritual… Ello da para un libro. 

El que algunos pretendan transformar la representación de un país en un acto patriótico, me parece desmedido. Lo que quiero decir, es que se lo trate de transformar en una obligación moral, más allá del costo que ello pueda acarrear al individuo. Soy patriota y un chileno de corazón, pero antes de ello soy un ser humano libre y en el sentido que le dio Hermann Hesse, ante la incompatibilidad o la fuerza que trata de imponer un patriotismo moral, prefiero la libertad de decisión y de actuar del ser humano. 

 

 

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4 comentarios

  1. Estoy de acuerdo que el patriotismo idiotizado permite la alienación del ser.
    Estoy de acuerdo que el patriotismo idiotizado ha sido el principal culpable de las masacres que históricamente ha vivido nuestra civilización.
    Estoy de acuerdo que no existe ni el bien entendido pariotismo, ni menos el mal entendido patriótico.
    Cuando escribí “a la cresta las opiniones de los dirigentes…” no me refería a anarbolar la bandera absurda del patriotismo. Me refería a la alegría natural que debe sentir un deportista por representar a su país en un campeonato internacional, en especial si este vive en un país donde es muy difícil ser un buen deportista. Esto no es precisamente ser un patriota, al contrario; es el sentido más genuino de pertenencia que puede sentir, en este caso, un tremendo deportista como es tu hijo…

  2. Querido Ricardo, me parecio muy buena tu refleccion sobre patriotismo y deporte. Aun mas, la importancia de colocar el deporte en su propio contexto: es un juego, ni mas ni menos. Al igual que tu, me asusta mucho eso del “patriotismo” exagerado, con pasiones ciegas. Bravo y muy orgulloso de haber compartido con tantos de la familia Gevert. Abrazos.

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