Universidad: ¿mi destino?

Para algunos podrá resultar sorpresivo, para mí ha sido un proceso de más de un año de análisis: mi objetivo profesional de corto a mediano plazo, es ejercer en Santiago de Chile, eventualmente en otra ciudad, una función en el nivel de responsabilidad estratégico de una organización universitaria con visión global. Esto, de preferencia en la dirección y desarrollo de nuevos e innovadores conceptos para programas de postgrado, capacitación y extensión, integración sistémica de lo anterior con los currículos de pregrado en las distintas facultades, así como el desarrollo de nuevas formas de cooperación con la empresa privada nacional e internacional.
 
La valla más alta que debemos saltar, es nuestro reflejo anti-económico… “No nos formamos para ganar más dinero sino para ser más eruditos y cultos; no ofrecemos capacitación para que se gane dinero, sino para mejorar y desarrollar a las personas”.
Mientras persista esta creencia o nos lo quieran hacer creer a través de ciertos idealismos, nuestros mejores talentos partirán a algunas – hoy por hoy verdaderamente pocas universidades privadas en Chile – pero crecientemente, se irán a Harvard, Stanford, Chicago u otra universidad de USA. En menor grado a Europa. Allá sin duda nuestros talentos van a adquirir muchos conocimientos, pero al estilo USA y no en dirección a un modelo de pensamiento propio, que se identifique con nuestra cultura.
 
Por muy global que sea el mundo:
¿Queremos que esos éxodos de personas, de pensamiento, de cultura se siga produciendo? 

¿Nos podemos seguir dando ese lujo?

En algún momento de mi vida, el que espero sea más cercano que lejano, pretendo poder volcar toda mi experiencia y competencias al ámbito universitario. Me motiva, me seduce, me abre la mente para un cúmulo de ideas que arrastro como un grito ahogado por mucho tiempo. El tiempo dirá si mi llave le hace a la cerradura de alguna universidad en Chile, que posea una visión en la misma dirección que la mía y obvio, a la cual yo le aporte valor. Mi mayor cuello de botella, es no poseer grado universitario y menos aún posgrados; “sólo” un grado técnico y una gran experiencia profesional y de vida, la cual he aprendido a transmitir en mis asesorías, talleres y charlas.

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