Avanzó con dificultades viniendo desde Chamiza hacia Puerto Montt, intentando no llegar tarde y perder su avión. Era una tarde oscura y tormentosa, con relámpagos iluminando el cielo y una lluvia torrencial golpeando el parabrisas y después también las ventanas del aeropuerto. Marta, agotada y ansiosa tras un ese embarrado y agotador viaje corto, se apoyó en un pilar del edificio, buscando refugio del caos en el aeropuerto y el estrés que había vivido antes de partir desde Chamiza. Con el corazón acelerado y la mente llena de pensamientos oscuros, decidió comprarse una bolsa de 10 chuchuflíes, esos dulces chilenos tan nuestros, de masa esponjosa y crocante, rellenos con manjar, que aún se venden en las calles, dulcerías y algunos terminales aéreos también. Su forma tubular y su dulce aroma parecían prometer un momento de alivio en medio de la tormenta.
Mientras buscaba un asiento, notó que todos estaban ocupados, así que se acomodó junto a un extraño. Su mirada era penetrante, como si pudiera ver más allá de su piel, hasta lo más profundo de su alma. Marta sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sin pensarlo dos veces, abrió la bolsa y tomó un chuchuflí. El extraño, con una sonrisa inquietante, hizo lo mismo. Cada vez que Marta se servía, él la seguía, como si estuvieran atrapados en un juego macabro. Su corazón latía con fuerza, y una sensación de desasosiego la invadió; había algo extraño en la atmósfera, como si el aire estuviera cargado de tensión.
Finalmente, cuando solo quedaba un chuchuflí, el extraño lo tomó, lo rompió y le ofreció una mitad. Marta sintió una mezcla de rabia y miedo. “¿Quién se cree este tipo?”, pensó, pero antes de que pudiera responder, el extraño se inclinó hacia ella y susurró con voz grave: “No te preocupes, no son solo chuchuflíes… son un regalo”.
Confundida y alarmada, Marta se levantó para mandarse a cambiar, pero una voz en su cabeza la instó a quedarse. En ese momento, un escalofrío recorrió su cuerpo. Se dio cuenta de que había dejado su propia bolsa de chuchuflíes en el asiento. Al mirar hacia atrás, vio que la otra bolsa estaba vacía. Los chuchuflíes que había estado comiendo eran los del extraño, y una sensación de terror la envolvía.
La Revelación
Mientras se alejaba, la sensación de ser observada creció. Miró hacia atrás y vio al extraño sonriendo de manera algo siniestra, su mirada profunda y penetrante, como si conociera cada uno de sus secretos más oscuros. En su mano, sostenía un chuchuflí intacto, que parecía brillar con una luz propia. “Recuerda”, dijo con un tono ominoso, “algunos chuchuflíes son más que simples chuchuflíes”.
Al llegar a la puerta de embarque, Marta metió la mano en su bolso y, para su horror, encontró un chuchuflí con una extraña marca en forma de ojo. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral; el chuchuflí parecía vibrar, como si tuviera vida propia. El miedo la envolvía, pero también comenzó a florecer en ella una curiosidad inquietante.
Esa noche, Marta no pudo dormir. La imagen del extraño y el chuchuflí marcado la atormentaban. En sus sueños, él aparecía, advirtiéndole sobre las elecciones que había hecho en su vida. “Cada chuchuflí que tomas tiene un precio”, decía su voz susurrante, resonando en su mente como un eco.
La Conclusión
Al despertar, Marta comprendió que la vida está llena de decisiones y que cada elección puede tener consecuencias inesperadas. Reflexionó sobre lo que había aprendido: a veces, lo que parece trivial puede ser un reflejo de algo mucho más profundo. La capacidad de abrirse a nuevas perspectivas es esencial para crecer y evolucionar.
Permitir un cambio de perspectiva implica reconocer que nuestra visión puede ser limitada y que otras formas de pensar pueden enriquecer nuestra comprensión del mundo. Al liberarnos de verdades absolutas y juicios rígidos, cultivamos una mente abierta que nos permite explorar diferentes caminos y posibilidades.
Los pasos que Marta decidió seguir
- Reflexionó sobre sus decisiones diarias: Dedicó un momento cada día para considerar cómo sus elecciones la afectan y cómo podría abordarlas de manera diferente.
- Cada día intentó ser consciente de sus emociones: Observó cómo se sentía ante diferentes situaciones. ¿Qué emociones surgían? Se permitió sentirlas y comprender su origen.
- Aceptó el cambio: Comenzó a abrazar lo desconocido, aunque a primera vista le pareciera aterrador. Pero cada cambio trajo consigo la oportunidad de aprender y desarrollar su resiliencia, su sensibilidad y capacidad de navegar con éxito en la vorágine de los cambios.
- Actuó con intención: Cada acción contaba. Se aseguró de que sus elecciones estuviesen alineadas con sus valores, aspiraciones y objetivos, carácter, así como con sus habilidades especiales.
- Se mantuvo abierta a lo nuevo: Se preguntaba: ¿Qué te ayuda a seguir receptiva a nuevas ideas y perspectivas? Buscó experiencias que la desafiaran a pensar buscando soluciones creativas y no convencionales a problemas, fomentando su propia capacidad de innovación, entrando más frecuentemente en estado de flow.
Marta se sintió renovada y empoderada. Comprendió que, aunque el camino puede ser incierto, siempre hay una luz de esperanza al abrirse a nuevas posibilidades y tomar decisiones conscientes con valentía. A medida que lograba el estado de flow en momentos de sus actividades, comenzó a establecer metas más claras que la guiaban, encontrando un equilibrio entre el desafío y sus habilidades. Al eliminar distracciones, se sumergía profundamente en cada actividad, disfrutando del proceso y permitiendo que cada experiencia la enriqueciera. Marta se dio cuenta de que la satisfacción no solo residía en alcanzar sus objetivos, sino también en el viaje mismo, en la conexión que establecía con sus emociones y pensamientos. Esta nueva perspectiva transformó su forma de enfrentar los retos, dándole la confianza necesaria para seguir explorando y creciendo, siempre con la certeza de que cada paso dado la acercaba más a la persona que deseaba ser.
¿Te quedaste con dudas acerca de qué tienen que ver los chuchuflíes de Marta con las conclusiones y pasos a seguir?
La historia de Marta y los chuchuflíes se relaciona con las conclusiones de varias maneras:
- Cambio de perspectiva: La experiencia de Marta con el extraño y los chuchuflíes simboliza la necesidad de abrirse a nuevas perspectivas. A lo largo de la historia, su percepción cambia al enfrentar lo desconocido y lo inquietante, lo que refleja el primer paso hacia el crecimiento personal.
- Decisiones y consecuencias: La historia ilustra cómo las decisiones, incluso las que parecen triviales (como comer chuchuflíes), pueden tener un impacto profundo en nuestra vida. Esto se conecta con la conclusión de reflexionar sobre nuestras elecciones diarias.
- Emociones y consciencia: Marta experimenta una mezcla de emociones (miedo, curiosidad, confusión) que la llevan a cuestionar su realidad. Esto se alinea con la conclusión de ser consciente de nuestras emociones y cómo influyen en nuestras decisiones.
- Aceptación del cambio: La historia muestra la lucha interna de Marta al enfrentarse a lo desconocido y cómo eso puede ser aterrador pero también liberador. Esta idea se refuerza en las conclusiones, donde se alienta a aceptar el cambio como parte del crecimiento.
- Acciones intencionadas: El viaje de Marta es un llamado a actuar con intención y a alinear nuestras decisiones con nuestros valores, lo que se destaca en los pasos a seguir.
- Apertura a lo nuevo: Finalmente, la historia culmina en un momento de autodescubrimiento para Marta, donde se siente empoderada para seguir explorando y aprendiendo, reflejando la importancia de mantenerse abierto a nuevas ideas y experiencias.
En resumen, la historia actúa como una metáfora del proceso de autoconocimiento y crecimiento personal, mientras, a quienes les haga sentido, las conclusiones y pasos a seguir proporcionan una guía práctica para poder aplicarlas en la vida diaria.