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¿Sacar a la luz las creencias ciegas?

Para destapar las creencias ciegas, según algunos expertos en la materia, es muy recomendable usar cuatro objetivos de lente gran angular para la mente. Además de menciones breves en diversos escritos de este blog, en el pasado ya le había dedicado tiempo a un artículo relacionado con creencias limitantes, aunque desde otro ángulo: Sinergia científica cuántica para la salud: lo que vincula a Fritz Popp y Bruce Lipton

El experimento fue revolucionario. Y el resultado fue una bofetada para muchos en el rubro de la psiquiatría y «puso patas para arriba» a muchos pseudoespecialistas.

También fue una poderosa súplica y a la vez un potente alegato para estar más «vivos el ojo» para analizar las experiencias de forma extremadamente crítica y, a la vez, estar muy atentos cuando encasillamos a personas, cosas o situaciones.

¿Qué ocurrió?

El psicólogo David Rosenhan introdujo clandestinamente a ocho personas perfectamente sanas en varias instituciones psiquiátricas para comprobar si el personal las reconocía.

¿El resultado?

Los pseudopacientes pasaron una media de 19 días en los centros psiquiátricos antes de ser dados de alta. Uno de los participantes permaneció en «tratamiento» durante 52 días. Por lo tanto, incluso las personas sanas eran tratadas como enfermas en cuanto se las encasillaba como «enfermas».

Cualquier cosa que hicieran o dijeran los participantes sanos se interpretaba siempre en el contexto de su supuesta enfermedad. Lo que resultaba especialmente llamativo, era que los falsos pacientes tenían muchas más probabilidades de ser reconocidos por otros pacientes que por el propio personal médico.

El experimento ilustra el problema de que los seres humanos tendemos a ver lo que queremos ver y lo que confirmamos nuestras creencias y experiencias. Si lo que ocurre coincide con nuestras ideas preconcebidas, como auténticos homo sapiens, nos sentimos confirmados. El resto lo ocultamos o reprimimos.

¿El efecto?

Cuanto más creemos, menos cuestionamos. Y menos sabemos.

En mis asesorías que están orientadas a empresas u otras instituciones y no a personas enfermas, siempre lo he denominado «creencias a ciegas», hayan sido cegueras operativas o cegueras del sector o rubro, es decir, anteojeras.

Cuanto más intensamente alguien (o una institución) se sumerge en un área y se centra en sí mismo, sin observar sistémicamente el entorno, cuanto más tiempo se trabaja en ese campo y cuanto más éxito se tiene en éste, tanto más difícil le resulta ver nuevos patrones, nuevas perspectivas, nuevas oportunidades y nuevas soluciones.

Para algunos puede sonar paradójico, pero ya lo he visto tantas veces: ¡los que tienen más experiencia, más conocimientos y más recursos suelen ser los últimos en aprovechar las oportunidades de hacer algo completamente nuevo!

La única cura para esto es una mentalidad herética coherente.

Acorde a lo que postula el «buscador de hechos» de Stefano Mastrogiacomo, he aquí cuatro sugerencias para reconocer dogmas y creencias ciegas, para lograr sustituir cualquier posible anteojera por una lente gran angular:

1) Identificar los supuestos
Por ejemplo:

«Atacar» esos supuestos con preguntas como:

¿Cómo lo sabemos?
¿Qué pruebas hay de ello?
¿Podemos respaldarlo con hechos?

2) Identificar las generalizaciones
Muy fáciles de identificar por palabras clave como «siempre», «nunca», «todo el mundo», «nadie», etc.

Por ejemplo:

«Atacar» las generalizaciones es bastante sencillo cuestionando exactamente con palabras clave. Por ejemplo:

¿Realmente todo el tiempo?
¿Efectivamente todo el mundo?
¿Todos sin excepción?

3) Identificar restricciones 
Es decir, enunciados que tienen restricciones subyacentes, limitaciones, restricciones imaginarias y obligaciones que limitan las posibilidades. Por ejemplo:

«Atacar» las restricciones. La palabra clave aquí es «a pesar de». Se trata de cómo hacer avanzar las cosas a pesar de las limitaciones, a menudo imaginarias. Por ejemplo:

4) Identificar los juicios
Se trata de evaluaciones subjetivas de una cosa, situación o persona. Por ejemplo:

«Atacar» los juicios. Como suele faltar información importante para poder juzgar si esas afirmaciones son ciertas o no, hay que empezar a buscar hechos. Por ejemplo:

Te desafío a un experimento más simple que el de Rosehan: Escribe en un papel las palabras «suposiciones», «generalizaciones», «restricciones» y «juicios». En la próxima reunión, marca con una raya después de cada una de estas palabras a medida que las vayas identificando en ti mismo, así como en los demás participantes de la reunión, que el comentario corresponda a algunas de ellas. ¡Estoy seguro que te sorprenderás!

Digo…, ¡es una buena idea cuestionar dogmas y convicciones aparentemente irrefutables más a menudo! Y, además admitir, que la experiencia que no crece ni se nutre de los «input» del entorno, muchas veces no es un lente gran angular, sino se convierte en unas anteojeras. Al menos yo que ya soy mayor, pienso que no califico para integrar «el club de los experimentados» que son parte de un rebaño de vacas sagradas cojas y decrépitas. ¿Y cómo andamos por casa? O como señaló con acierto el actor Alan Alda: «Tus creencias son las ventanas a través de las que ves el mundo. Tienes que limpiarlas de vez en cuando para que entre la luz».

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