Desde Berlín volamos el 29 de enero a Copenhague, ciudad en la cual yo había estado en los años ’80, pero no había regresado. Christi no la conocía.
Sí, esta es la ciudad hecha famosa por la Sirenita (su estatua es diminuta) es liberal, moderna y también cara, pero ofrece mucho más. Si le añades sofisticación y pintoresquismo al cocktail de atractivos, te acercarás un poco más a la realidad. Sus parques son hermosos, a pesar del frío y hielo imperante. Las construcciones señoriales y emanan aroma a historia. Este primer día, también pudimos apreciar el cambio de guardia en el palacio real.
Les recuerdo, realicen click en la foto para verla de mayor tamaño.
Esta ciudad es el hogar de la cerveza Carlsberg, una de las compañías cerveceras más grandes del mundo. Pero Copenhague ha sido tomada por una nueva oleada de cervecerías artesanas en la última década. Mikkel Borg Bjergso y Kristian Keller fueron unos pioneros cuando empezaron este fenómeno hace ocho años con la abertura de la micro cervecería Mikkeller. Desde entonces, el fenómeno se ha extendido a toda Escandinavia y al mundo. Tomar el aperitivo en el bar original de Vesterbro es casi imprescindible (así nos impulsó nuestro hijo Cristóbal a no dejar de visitar ese bar, para tener la opción de catar 15 tipos o más de diferentes de cerveza Mikkeller). Un verdadero placer para el paladar. Quedaba cerca del hotel. Fuimos…, la cerveza es «top», pero el lugar enano (25 personas y lleno) y bastante poco acogedor. Un solo personaje atendiendo. Media vuelta y quedarse con las ganas. Creo que mañana tipo 15 hrs nuevo intento…
Nuevo día y a recorrer se ha dicho, obvio, abrigados. Recorrimos la zona portuaria, ahí donde están los veleros en receso invernal, pero también entramos a beber y comer algo en locales muy acogedores y pintorescos. Obviamente visitamos la Catedral y la Iglesia de Mármol de Copenhague. Asimismo, es muy interesante la inmensa oferta de museos de todo tipo, y eso que yo no soy tan amigo de ellos, prefiero los al aire libre…. Vistamos el del escritor Hans Christian Andersen y el de los Récord Guinness.
Lo más exótico fue la visita a Christiania, uno de los lugares menos turísticos de Copenhague, y seguramente es también uno de los mas extraños. Esta “ciudad libre” es una especie de paraíso hippie que existe desde 1971 y en el que el estado interfiere mas bien poco, aunque muchos de los que viven aquí trabajan fuera de la comuna. El lugar tiene un aire tranquilo y se mantiene por sí mismo. Tienen su propia Galería Nacional de Arte y al salir del sector, verás señales de “Ahora entras en la Unión Europea”. Sacamos pocas fotos, ya que son algo reacios.

