Una vez arribados, incluido un gran retraso del tren que nos llevaba desde Bruselas a Köln (Colonia), ya nos esperaban por segunda vez nuestro amigos Sabine y Norbert. Pasamos una noche tranquila en nuestro hotel, a pesar de que se encontraba en el epicentro del carnaval, aprovechando recuperarme otro poco de mi afección broncopulmonar. Al día siguiente y lunes, festivo, Sabine y Norbert nos recogieron a media mañana para partir nuestra larga jornada de juerga. Norbert es nacido y criado ahí, así es que se conoce el rodaje y lugares de memoria.
Nosotros llegamos justo para estar el día cumbre que es el “Rosenmontag” (lunes de rosas), cuando todo el mundo se disfraza y se lanza a la calle a acompañar a los desfiles que recorrerán el corazón de la ciudad. Desde las carrozas se tiran dulces y chocolates, confeti que llenará el cielo de colores y canciones carnavalescas bajo un lema único “Kölle Alaaf”, que viene a decir que “Colonia es de todos” en el antiguo idioma local, el Kölsch. Para que nos lancen caramelos desde las carrozas, utilizamos las palabras mágicas “¡Kamelle! Kamelle!”. Ahí estuvimos un buen rato en medio del paso de carrozas, antes de iniciar nuestro deambular de bar en bar…
Pues bien, una vez que nos aburrimos de las carrozas, Norbert nos comenzó a guiar a pie y en parte en Metro, de un bar a otro, de una empresa cervecera a otra. Aquí se produce una especie de estado de excepción de la felicidad. No hay sitio para pensamientos negativos y toda una ciudad celebra durante seis días y este lunes, es el climax. Cada cervecería se convierte en una auténtica pista de baile donde no sólo se disfruta con los amigos propios, sino con extraños, bailando, cantando y bebiendo Kölsch (la cerveza típica de Colonia). Terminamos bastante tarde en la noche, algo entonados. ¡Pero nos divertimos mucho!

