Cuento Zoonímico Chilensis Popularis

Esta vez, algo bastante distinto:

El Mono, en realidad era un gallo bien vaca, que nunca pudo llegar a ser amigo del Pato, otro gallo que se hacía el ganso no más. El Pato era muy re’ sapo, le sacaba los choros del canasto al Mono y además, no sabía morir pollo.  Súmale que la galla que andaba con él, ya saben, esa con tremendas patas de gallo era una cotorra, que sólo comía jurel tipo salmón, hablaba demasiadas cabezas de pesca’o todo el día y era más rayada que puerta de perrera.  Además el Pato andaba con una tracalá de pelagatos que siempre se hacían los choros, que vivían en la concha de lora y el Mono, no estaba para pegase mansos ni que piques. Cuando el Mono los confrontaba, porque le habían pasado gato por liebre, éstos se defendían como gatos de espalda. En realidad fue una época que el Mono andaba más perdido que chancho en misa. Finalmente me comentó que los había mandado a freír monos a Alaska, agregando: mala cuea dijo el conejo (y se cambió de hoyo) y emprendió la retirada dejándoles claro, que él hablaba con Don Pancho y no con los chanchos.

Sin embargo, al quedarse solo, el Mono estuvo aburrido como ostra y más pobre que una rata, pero a la vez mosqueado, ya que pensaba que había procedido de manera algo acaballada en echarles la foca tan pronto. Tras una larga ausencia, aparecieron unos mellizos amigos del Mono, ni más ni menos que el Pollo y el Gato. El primero era un palomilla y al segundo  le gustaba hacerse la mosquita muerta. Buscando hacer una alianza, decidieron engatusar al Pato y sus pelagatos, para intentar meter alguna mula que les trajera lucas. 

Decidieron engañar a unos jóvenes que parecían ser pajaritos nuevos en un próspero negocio. Estos cabros le habían pegado al gato remodelando burras. La idea era embolinar la perdiz, con que tenían muchos clientes en los países limítrofes, a los cuales ellos podrían vender veinte burras, pero en realidad se echarían el pollo con las cacharras remodeladas, vendiéndolas ellos a unos bolivianos. Los cabros cacharon y se avisparon, dejándoles avanzar con su plan, donde el Mono, el Pato, el Gato, el Pollo y los otros pelagatos llevarían las burras hasta la frontera, financiando así el transporte. Allá aparecerían los cabros escoltados por gorilas, para poder cerrar directamente el negocio con los del altiplano. El Mono casi se achunchó, porque pensó que se habían ido al chancho. Pero finalmente partió la caravana de burras. A algunos pelagatos había que chicotearle los caracoles para que avanzaran, otros sólo revolvían el gallinero. Cuando ya se adentraban en el desierto de Atacama, estaban más secos que lengua de camello, debiendo abastecerse de agua de un pozo en un pueblo perdido. En verdad, los pobladores estaban más cagados que palo de gallinero y en eso, apareció un gallo más pesado que consomé de ballena, que los instó a pagar un alto precio por el agua y que además, sólo les darían una levemente contaminada. En un inicio, el Mono y sus amigos se achoraron,  pero tuvieron que desistir porque estaban pillos en número, concluyendo que peor era mascar lauchas. Bajo la premisa “más vale pájaro en la mano que cien volando”, llegaron a un buen arreglo. Bebieron agua contaminada y prosiguieron. Al llegar a la frontera, ya sufrían dolores estomacales por el agua bebida. Asimismo, grande fue su sorpresa, al ver a los cabros acompañados por un gran número de gorilas, que podían hacerlos pebre.  Además de ello, la guata les dolía como caballo. Tuvieron que ceder y quedaron como unos viles personajes más chuecos que peo de culebra. Por otra parte, los cabros estaban más contentos que perro con pulgas por el negocio que estaban cerrando, ahorrando el transporte. Al final del día, el Mono y sus amigos quedaron como gato mirando para la carnicería, mientras los cabros, con el negocio hecho, durmieron como lirones.

Nota final:

Estoy consciente que la trama del cuento es pobre, que quedaron fuera otras tantas expresiones zoonímicas chilensis popularis, pero fue divertido escribir estas líneas. Ojalá para algunos de ustedes también haya resultado divertido leerlas. Esa era la intención. Asimismo pido disculpas a todos los extranjeros, que no entendieron nada de nada. 

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